Saberes para la causa ambiental

La opinión de Julio Santoyo ✍🏻

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No es común que esto se diga, pero detrás de las causas ambientalistas siempre existe un acervo de saberes científicos y técnicos que permiten identificar problemáticas y sugerir alternativas.

Quien haya creído que la problemática ambiental se reduce a una expresión política o ideológica está muy lejos de la verdad. Es cierto que en el ámbito de la acción política y de las creencias ideológicas se generan múltiples discursos que tratan de encumbrar identidades tomando como referencia una fenomenología que está ante los ojos de la humanidad.

Si las causas ambientales se redujeran solo al incienso ideológico y político que se quema al lado de una minera extractiva, ante un cambio de uso de suelo, una deforestación o un evento ecocida, hace tiempo que sus discursos habrían sido desmontados. La crítica seria que se construye desde la valoración de la realidad que promueve la ciencia las habría hecho añicos junto a las políticas públicas medio ambientales y deshecho incluso la jurisprudencia creada.

Es de sentido común reconocer que detrás de la identificación de fenómenos señalados como ambientales se encuentran diversos saberes científicos que los reconocen y sobre los cuales se realizan estudios científicos. Entre ellos destacan, desde luego, la Biología, la Ecología, la Química, la Física, las Matemáticas, la Geología, y ciencias sociales como la Sociología, la Economía, la Historia, la Ciencia Política, la Ciencia Jurídica y por supuesto el pensamiento filosófico, e incluso el pensamiento espiritual.

Por ejemplo, para entender el fenómeno del Cambio Climático primero se tuvo que verificar con hechos que un fenómeno de este tipo existía, que podían demostrarse sus causas y sus efectos, incluso que podían ser medibles y hasta cierto punto predecibles. Gracias a los saberes científicos generados en este campo, en donde están confluyendo la mayoría de las ciencias, la humanidad y los gobiernos más responsables del mundo, se ha buscado modificar las prácticas económicas para hacerlas más sostenibles, y, ante todo, cambiar el paradigma energético. Es decir, gracias a ellos, están modificado las políticas públicas como vía para anticiparse a una crisis civilizatoria.

Cuando a mediados del siglo XIX surge la Ecología como saber científico, con las implicaciones de rigor epistemológico que se precisan para construir este tipo de verdades, se inauguró uno de los momentos más importantes de la modernidad porque se replanteó la relación entre el hombre-humanidad y el entorno natural. Las cosas de la naturaleza y la actuación del hombre dejaron de ser intrascendentes para ocupar, dentro de los ejercicios de la razón científica, el papel activo y decisivo que juegan en la evolución de las relaciones planetarias ya sea biológicas, geológicas, físicas, químicas, climáticas, económicas, sociales, culturales, etc.

Cuando una comunidad o una persona cuestionan un cambio de uso de suelo, una tala ilegal, una captura de agua, no están señalando solo un problema legal o una pérdida de paisaje (que también lo son), sino que en ello va la percepción de las consecuencias adversas futuras para el hábitat humano, que está constituido por los entes de fauna y flora del entorno.

Las propias categoría de Cambio de Uso de Suelo, Tala Ilegal, Cambio Climático, Afectación Hídrica, entre otras, como parte del sistema interpretativo que se emplea para la comprensión y atención de los fenómenos ambientales, suponen un gran trabajo de construcción científica que viene en marcha desde hace décadas en una gran cantidad de universidades de todo el mundo.

Cuando en nuestra constitución encontramos en el artículo 4° establecido el derecho humano a un medio ambiente sano para todos es porque previo se ha demostrado con saberes universales que los equilibrios naturales son vitales para la existencia humana y que el derecho a existir de la vida humana, en tiempos de permanente acoso económico contra esos factores, debe figurar sin menoscabo en el capítulo de los derechos humanos porque la intención mayor es frenar las prácticas no sustentables de nuestra sociedad.

La causa ambiental, tal vez como ninguna otra, supone la participación de los saberes científicos. Por ejemplo, cuando en Madero se advirtió desde 2023-24 sobre la gravedad por la sequía que se pronosticaba y las consecuencias por la tala ilegal, el cambio de uso de suelo y el robo abrumador de aguas, se hizo a partir de la contribución de estudios de académicos que ponderaban los factores adversos como propicios para un fenómeno grave y así ocurrió. El rio Curucupatzeo se secó por completo y se generó una tensión social que por fortuna no alcanzó a llegar a la lucha fratricida, aunque sí dejó efectos como la violencia contra el ambientalismo local por todos conocida.

Durante el 2022 la Dra. Patricia Alarcon Chairez, por medio de estudios focalizados sobre los riesgos climáticos en Madero, nos compartió los peligros que el municipio enfrentaba. Los cuales han resultado, como todo saber científico, verificados por la realidad. Como puede entenderse, el saber científico en el área medio ambiental es esencial para la prevención, y desde luego, para la construcción de políticas ambientales. Lástima que esta última parte, que le corresponde a los políticos, casi nunca es atendida porque prefieren la inmediatez del voto antes que mostrar al ciudadano la crudeza de las consecuencias futuras de las practicas actuales.

La gran valía del trabajo de investigadores de nuestras instituciones nos ha permitido dar una fundamentación a los reclamos sociales para mantener los equilibrios naturales y preservar los ecosistemas en los que todos vivimos. Atrás de estos reclamos sociales está, antes que la ideología y la política, la ciencia.

En días pasados se ha dado a conocer que la Dra. Patricia Alarcón Chairez ha sido postulada por la “Academia Nacional de Historia y Geografía Capítulo Michoacán” y por la “Brigada Internacional de Rescate Tlatelolco Azteca A. C.”, para obtener la “Presea Amalia Solórzano” que otorga el H. Ayuntamiento de Morelia. La postulación es apropiada y bien justificada, la doctora ha sabido vincular los saberes científicos que ha construido a través de la investigación con la causa social ambiental.

El derecho humano a un medio ambiente sano supone la justicia climática y desde luego el reconocimiento del cambio climático como la fenomenología global que amenaza a nuestra era, llamada por algunos como la era del Antropoceno. Esta es una era cuyas amenazas no podrán atenderse sin trabajo científico, sin participación ciudadana y sin voluntad política. Y en estas áreas la doctora Patricia Alarcon ha influido para bien con su trabajo.

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