Es cuestión de horas o quizá de días para que la dirigencia nacional dé a conocer los resultados de la encuesta en Michoacán. De hecho, podemos decir que el CEN casi llega a la mitad de las designaciones en las que participaron las figuras de mayor peso político en la toma de decisiones. Con justa razón, fueron ungidos hombres y mujeres que, a lo largo de estos meses, encabezaron todos los estudios de opinión pública, al menos aquellos que gozan de mayor confianza por el mínimo margen de error que promedian. Incluso, no vimos fisuras ni reacomodos. Eso significa que el veredicto es incuestionable. Todos y todas, leales al proyecto, prometieron respetar la legalidad de una metodología que, aunque debatida, se apega a los estatutos.
Apoyándose en esa premisa, quienes aspiran a la coordinación esperan impacientes el resultado final. Esta misma semana, con mucha intensidad, corrió el rumor de que la dirigencia nacional de Morena había procesado la información recolectada en la encuesta aplicada en Michoacán. Alrededor de esos informes preliminares, que se confirmarán muy pronto, brotó el nombre de Raúl Morón. Se dice, incluso, que él ha sido visto en reuniones de alto nivel para preparar el momento oportuno de recibir la estafeta como coordinador. Antes que nada, como interrogante, vale la pena preguntarnos qué nos hace suponer eso. En esta primera semana de septiembre, donde la dinámica tomó un respiro, muchos aseguraron que los participantes tiraron la toalla al conocer el resultado. Desde luego, el CEN tendrá la responsabilidad de mencionarles quién será su coordinador de la defensa del voto.
Desde ahora, logramos expresar —en ese ánimo que predomina en el cuarto de guerra de Raúl Morón— que la justicia social saldará una deuda pendiente con él. Además de la encuesta que ganó el senador, para no dejar ninguna duda, se subsanó una herida provocada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en aquel entonces, cuando sancionó a Morón con el retiro de la candidatura. Ante tal ignominia, la presidenta ha mencionado ese caso como una arbitrariedad extralimitada. Siendo así, otro de los argumentos, cinco años después, fue darle certidumbre a una candidatura que, en aquel momento, legitimó la población civil. Podemos decir que eso, a la par de las ponderaciones, se convirtió en otro criterio que —nos consta— la misma jefa de Estado ha esbozado en la máxima tribuna, la mañanera.
La presidenta Sheinbaum ha dicho que no se meterá en asuntos internos del partido. No es para menos: debe cuidar su investidura presidencial; sin embargo, todos sabemos que su injerencia en el proceso interno está marcada en todos los sentidos. Ella misma movió las piezas del ajedrez para cambiar la estructura de mando en la dirigencia nacional. Puso, ni más ni menos, a dos mujeres de confianza que le reportan cualquier anomalía. Eso, por un lado, también sirve para quitar protagonismo a las dirigencias estatales que, se sabe, son manejadas por personajes incondicionales a los gobiernos. Al no tener ese margen de maniobra para operar, evidentemente, las decisiones salen única y exclusivamente del CEN. Así está estructurada la cadena de mando: un filtro donde se examina hasta el más mínimo detalle de cada aspirante. Por lo pronto, todos los mecanismos que evalúan a los perfiles los pasó Raúl de manera impoluta.
Como sabemos, los mecanismos de Morena se han vuelto potencialmente competitivos. Para poder resolver, por ejemplo, la Comisión de Encuestas levanta varios cuestionarios de percepción, conocimiento y grado de confianza. Particularmente en los tres, muy por encima de sus compañeros de partido, Raúl Morón se impuso sin sobresaltos. De hecho, se defendió de todas las calumnias que intentaron manchar su imagen. En muchas de ellas, con herramientas perniciosas, levantaron falsos a fin de persuadir a la población civil que, consciente de todo, resistió palmo a palmo con el senador. Hablamos de una enorme estructura territorial que, junto con él, jamás perdió la compostura en los momentos de mayor tensión. Incluso supo aprovechar al máximo esa guerra sucia para posicionarse con un buen manejo de las circunstancias. Asumiendo esa posición, luego de procesar los resultados de la encuesta, estamos a días de poder llamar a Morón coordinador de la defensa del voto.

