Hasta hoy, en ese intercambio de información, hemos visto solo posturas y comentarios que, de alguna representación, pueden ayudar a unir las piezas del rompecabezas que están terminando de mostrarse ahora que brotan las posturas o, de plano, las inconformidades. A partir de que se dieron a conocer los resultados —hablando estrictamente de un ejercicio de Morena— comenzaron a manifestarse una especie de resistencias que, hasta ahora, han tomado fuerza porque han cuestionado las decisiones que se tomaron. La cuestión es que, por la magnitud, esa posición se ha estado extendiendo y, en algunos casos, ese ánimo de lucha se acrecentó para dar forma a una estrategia que, en esencia, podemos denominar un contrapeso por las diferencias que han salido a la luz pública. Entretanto, de manera paralela, hay toda una estructura territorial que se está alimentando de respaldo genuino y palpable.
Antes de que se constituyeran contrapesos —como una decisión aprobada por la ciudadanía—, se crearon estructuras internas no solo para ejercer presión, sino para manifestar su postura respecto a los nombramientos. Ellos, legítimamente, han tomado una ruta que empieza a tomar forma. Hasta este momento, mucho antes de que una candidatura pueda oficializarse, están evaluando algunas rutas que pueden ser una alternativa para hacerse del cargo como representantes populares en las urnas. Una de ellas, que podría conducir a un ejercicio definitivo, sería la aplicación de una encuesta entre el coordinador de Morena y las propuestas que ponga sobre la mesa el Partido del Trabajo. Eso, de concretarse, se hará una vez que Morena resuelva las turbulencias que se manifiestan desde su seno. En voz de los propios protagonistas, efectivamente, se ha confirmado que las negociaciones están pausadas.
Más adelante, entonces, veremos semanas o días cruciales una vez que las diferencias internas en Morena lleguen a un punto de acuerdo. Solucionando las discrepancias, es necesario entablar un diálogo franco con los partidos que integran la coalición Seguimos Haciendo Historia. Lo más prudente —y debería ser así— es construir rápidamente una mesa de trabajo para tomar la postura del Partido del Trabajo, sabiendo que todo esto transita por el sendero de la voluntad y la flexibilidad en la toma de decisiones. De concretarse, basándonos en la premisa de la unidad, esto todavía tendría mucho camino por recorrer. Siendo así, y considerando este periodo de pausa, en apariencia podemos decir que estamos ante un momento decisivo.
Habiendo condiciones, pero sobre todo tiempo, hay un aire que se reconoce como una oportunidad para que oficialmente se unja al candidato de la coalición Seguimos Haciendo Historia. En Michoacán, por ejemplo, la carta del PT es el senador con licencia Raúl Morón. Cuadrando la petición legítima del Partido del Trabajo, como una opción, él se estaría midiendo en un careo interno con el coordinador del voto en Morena. Eso podrá coronarse ahora que se reactiven las negociaciones, siempre y cuando el pacto de unidad esté en la agenda de prioridades. Hacer efectivo eso, mucho antes de que concluya el año, permitirá afinar la maquinaria para enfrentar a dos bloques que, desde luego, no hay que minimizar: el PRIAN, encabezado por Alfonso Martínez, y el Movimiento del Sombrero, con su posible adhesión a Movimiento Ciudadano. Estoy convencido de que el croquis electoral quedará así.
Esto, por supuesto, obliga a que los partidos que integran la coalición Seguimos Haciendo Historia encuentren una salida viable y rápida. El fin, desde luego, es armar un vehículo potencialmente competitivo. Hasta hoy, por ejemplo, la mayoría de la ciudadanía ha tomado partido por esa expresión. A nuestro juicio —haciendo cálculos de lo que puede pasar ante una disolución—, lo más correcto es preferir democratizar el ejercicio interno para que todas las partes queden satisfechas y, de paso, evitar que se alimenten contrapesos que, dicho de otro modo, solo fragmentarían el voto. Imaginemos por un momento a Morena y al PT compitiendo por separado. Estamos hablando de un Partido del Trabajo que ha ganado presencia a lo largo y ancho de la entidad. Eso, desde la parte activa que representaría Raúl Morón, acrecentará las posibilidades de meterse de lleno en la lucha por la gubernatura de Michoacán.
La posición del PT —no es que se trate de aferrarse a una idea— es totalmente legítima para equilibrar la balanza. Al Partido del Trabajo, por ejemplo, no le tocó abanderar una coordinación del voto en el seno de Morena, entendiendo que ellos, por convicción, cerraron filas con el partido guinda porque se estaba promoviendo una flexibilidad que, por lo visto, no llegó. Por eso la tensión ha ido escalando, dado el fundamento que existe para pugnar por garantizar el equilibrio. De ser así, esto evitaría entrar en un entorno de polarización. Eso puede ser gradual si se pasa por alto. Entonces, por encima de cualquier cosa y de todo interés individual, está el cohesionar una sola expresión antes de llegar a un punto de quiebre o, de seguir creciendo, ver un fenómeno similar al que ocurrió en Coahuila.
Una de las soluciones para encontrar un punto de equilibrio —no como un capricho ni mucho menos un mecanismo de supeditación— es procesar una encuesta entre el ganador de Morena y la apuesta del PT. Si están dispuestos a que se efectúe, evidentemente vendrá una etapa álgida inevitable. Todo eso, en un futuro, evitará fracturas y, por ende, alimentará un vehículo fuerte y vigoroso para revalidar el triunfo de la izquierda en Michoacán. Para calmar la turbulencia, lo más correcto es reactivar las mesas de negociación para decretar controles o pasos a seguir.

