“Que el próximo “¿Y si sí?” no se quede en una cancha, que nos acompañe hasta el lugar donde normalmente decidimos rendirnos.”
México perdió, sí, duele porque durante unos días nos permitimos creer que esta vez podía ser distinto, duele porque estuvimos cerca, porque hubo momentos en los que el estadio, las casas, las calles y las pantallas parecían sostener una sola pregunta.
¿Y si sí?
No alcanzó, el marcador no estuvo de nuestro lado y el sueño se quedó antes de donde queríamos, pero hay derrotas que encogen y derrotas que obligan a mirarse de frente, esta fue de las segundas.
Gracias a Gilberto Mora, porque a su edad muchos apenas intentan comprender quiénes son y él se atrevió a cargar una expectativa que durante décadas pareció demasiado pesada para cualquiera, gracias a Javier Aguirre, porque creyó que el fútbol mexicano podía recuperar carácter, orden y dignidad, gracias a Raúl Jiménez, a Raúl Rangel y a cada jugador que se puso una camiseta que en México no solo pesa, sino que arrastra historias, frustraciones y burlas acumuladas.
Gracias a todos los que creyeron en un sueño, lo construyeron y tomaron acción, a quienes, hasta el último minuto, dejaron el último aliento para cumplirlo.
Hoy no quiero hablar de partidos políticos, ni de personajes que viven de dividirnos para obtener aplausos fáciles, sería bajar el nivel de lo que esta selección nos dejó, porque durante estos días México no fue una discusión permanente, ni una pelea en redes, ni un país entrenado para desacreditarse antes de intentar.
Durante estos días fuimos una posibilidad.
El grito de “¿Y si sí?” tendría que quedarse, no como una frase de Mundial que se apaga con la eliminación, sino como un himno personal, como un mantra para esas mañanas en las que despertamos convencidos de que algo es demasiado grande para nosotros.
¿Y si sí conseguimos ese trabajo?
¿Y si sí levantamos la empresa?
¿Y si sí arreglamos lo que parece roto?
¿Y si sí nos atrevemos a amar otra vez?
¿Y si sí cumplimos lo que prometemos?
¿Y si sí dejamos de pedir permiso para reconocer que podemos?
¿Y si sí tenemos mejores gobiernos?
¿Y si sí nos involucramos?
Nos acostumbramos a hacernos pequeños, a repetir que somos los ratones verdes, a reírnos de nosotros mismos antes de que alguien más lo haga, a convertir nuestras derrotas en identidad, y eso no es humildad, es resignación disfrazada de realismo.
Esta selección no ganó el Mundial, pero logró algo que no aparece en la tabla de posiciones, nos recordó que el sueño no empieza cuando tienes garantías, empieza cuando decides creer que puedes competir.
Ojalá esto no quede aquí, ojalá que la próxima vez que alguien nos diga que es imposible, no respondamos con la lista de razones por las que no se puede.
Ojalá respondamos con una pregunta, ¿Y si sí?
POSDATA:
“La realidad nunca se fue, pero esta selección nos dio razones para estar orgullosos y eso, en un país acostumbrado a hacerse pequeño, también es una victoria.”
Es tiempo de los ciudadanos …. ¿Y si sí?
|
Abelardo Pérez Estrada Empresario, Analista, Expresidente CANACINTRA |

