Por décadas, la isla de Urandén, enclavada en el corazón del lago de Pátzcuaro, había perdido su esplendor. Sus manantiales, otrora fuente de vida y sustento, yacían sepultados bajo capas de lodo y lirio acuático. Los canales que surcaban la isla, vitales para el canotaje y el entrenamiento de jóvenes deportistas, se habían convertido en sendas polvorientas, incapaces de albergar siquiera una gota de agua. Pero todo cambió en cuestión de tres meses.
El dragado: un primer paso
Hace 90 días, la imagen era desoladora. La sequía y la suciedad habían transformado el paisaje de Urandén en un terreno árido. Sin embargo, una operación de dragado transformó lo que parecía un sueño en una realidad tangible. Gracias a esta intervención, 15 manantiales renacieron en la isla, algunos con profundidades de hasta 2.70 metros, brotando con una fuerza renovada de 60 litros por segundo.
Un pasado entre grietas
Ramón Hernández Orozco, titular de la Comisión de Pesca del estado, recuerda la crisis que enfrentaba la comunidad: “El agua siempre ha existido, pero salía en cantidades mínimas; ya no había ningún canal de navegación en Urandén, ya no había agua”, comenta.
Los canales secos y llenos de tierra eran una triste muestra de lo que la isla había perdido. Niños y jóvenes, que solían deslizarse en sus canoas por las aguas cristalinas, ahora deambulaban por un suelo seco y agrietado, añorando los días de entrenamiento.
El reto no termina con el dragado. La comunidad de Urandén y las autoridades locales enfrentan ahora la titánica tarea de mantener la zona libre de lodo y basura acumulada por décadas. Toneladas de desechos deben ser removidas para garantizar que los manantiales sigan fluyendo y que la isla recupere por completo su esplendor.
Un futuro esperanzador
Con la reactivación de los manantiales, Urandén no solo ha recuperado su categoría de isla, sino que también se ha convertido en un importante aporte hídrico para el lago de Pátzcuaro, contribuyendo con hasta 600 litros por segundo.
Con el dragado, volvió el agua, pero no entra agua del lago a los canales, ahora se abona al lago.
Esta aportación es un paso significativo hacia la recuperación total del lago, devolviendo a la región un tesoro natural invaluable.
El renacimiento de Urandén es un testimonio de la resiliencia y el esfuerzo conjunto de una comunidad decidida a devolverle a su tierra la vida que un día tuvo. La claridad de sus aguas, ahora visibles tras 50 años de turbiedad, es un símbolo de esperanza para el futuro del lago de Pátzcuaro y sus habitantes.

