Muchos jurarían sin fundamento que Morena no ganará tres entidades que, desde ahora, se perfilan para una transición inminente. Hablamos de un reacomodo de fuerzas y una reconfiguración poderosa. Al establecerse una condición propicia, la decisión pasa a manos del grueso de la población que, para ser precisos, está inclinando la balanza a favor de la causa de la coalición Seguimos Haciendo Historia. Siendo posible todo eso, luego de atestiguar lo que aconteció en Yucatán y Estado de México, podemos resumir que estamos en presencia de un hecho sin precedentes que quedará marcado por la propia transición en el momento que se incorpore una nueva administración. Para la oposición no será nada fácil aceptar lo que han revelado las encuestas actualizadas del mes de julio.
A principios del mes de agosto, en la antesala de las definiciones a las coordinaciones estatales, veremos a los protagonistas más afianzados a pesar de la enorme presión que cargan sobre sus hombros. Siempre hemos dicho que, a la postre, lo más complejo es el juego interno en el seno morenista. Además de librarse una batalla sin cuarteles, se tiene que resolver el tema de la unidad para quienes llevaron a cabo un ejercicio de mucho desgaste. Vemos que buena parte de esa situación, al anticiparse, se ha ido sellando con los buenos oficios de la dirigencia nacional. Hasta donde sabemos, no se postergará el resultado: las definiciones serán a principios de septiembre, como está presupuestado.
Aunque muchos tendrán un mal sabor de boca, la prioridad para la coalición sigue siendo mantener la unidad. Bajo esa premisa, de igual forma, sabemos que la dirigencia de Morena echará mano de los perfiles que mayor capacidad de cohesión y articulación tengan. Eso, por un lado, anulará cualquier punto de quiebre y, como tal, ofrecerá un abanico de reacomodos para construir gobiernos de coalición. Algo similar a lo que pasó con las llamadas corcholatas. Por eso el planteamiento es poner en la primera línea a todos aquellos actores que, por su lucidez y experiencia, sepan a la perfección manejar un ejercicio de esta naturaleza. Siendo así, hay protagonistas que, en definitiva, dan perfectamente el ancho al abarrotar cada una de las asambleas de información.
Al revisar cada uno de esos entornos, nutridos y cargados, podemos decir que hoy, como nunca, se está cerrando esa enorme brecha que existió. Morena, por ejemplo, ha tomado la delantera en Chihuahua, Nuevo León y Querétaro. No podemos ignorar lo que acontece, mayormente ahora que el PAN atraviesa una profunda crisis de identidad y simpatía. Sabemos distinguir cuándo eso sucede. No hay un dominio que perdure para siempre. Eso lo vimos en Yucatán y Estado de México. Es, simple y sencillamente, el preludio de lo que se avecina con mucha intensidad.
Vayamos por partes. Lo que se vive en Chihuahua, por ejemplo, es una oportunidad que hará efectiva Morena. Cruz Pérez, el alcalde de Ciudad Juárez con licencia, se afianza en la primera posición y, cada vez más, suma militantes y simpatizantes a su estructura territorial. Es, en pocas palabras, el perfil que ha producido efecto al obtener mayor percepción positiva en las encuestas de opinión que circulan. Dadas las condiciones, es cuestión de tiempo que asuma la coordinación de la defensa del voto. A diferencia de otros participantes, sabemos que el impulso que le ha dado el Partido Verde ha ensanchado las posibilidades de llegar victorioso a la cita.
Con ese nivel de desempeño, pero en otra entidad, distinguimos el poder político que ha ido acumulando Tatiana Clouthier en Nuevo León. Su función, como muchos otros, se ha ido apegando a la vocería o, de plano, a la cabeza más visible de estas audiencias de información que se están constituyendo como órganos en los que vemos la actualización de lo que acontece. De hecho, Tatiana, al ser una portavoz de primer nivel, estiró su ventaja con relación al segundo lugar. Ella será, sin más preámbulos, la futura gobernadora de una entidad crucial del norte del país.
Al tener la experiencia de los enclaves que mencionamos en los fragmentos de esta columna, sobra decir, tenemos muy claro que, con un voto de castigo, la sociedad les cobrará factura a los malos gobiernos del PAN. Al igual que Chihuahua, Querétaro se perfila a esa transición tan anhelada. Es, por lo tanto, algo que necesita una ciudadanía que ha dejado de creer en un panismo del cual, para colmo, la gente se ha deslindado. El peor castigo será darle la espalda en las urnas. De hecho, Santiago Nieto, que será el coordinador, ha sabido capitalizar y encauzar ese malestar. Le ayuda mucho el liderazgo que ha construido a lo largo de su carrera, lo mismo que su dinamismo ahora que se ha trazado ganar el mayor número de adeptos a la causa de la izquierda. Inclusive, se ha retomado con mayor intensidad el activismo a ras de tierra con su máximo exponente: el exdirector del IMPI, que va viento en popa al despacho de la administración estatal de Querétaro.

