La decisión que tomó el Verde, en manos de sus dirigentes y militancia, fue coherente, pero sobre todo inteligente. De hecho, no tomó eco el argumento central que esbozó su mandamás del PRI, Alejandro Moreno. Eso, al menos en lo político, tenía toda la intención de conseguir llamar la atención de un partido que, hoy más que nunca, vive su mayor apoteosis. El PVEM, en efecto, está abierto al diálogo para sumar fuerzas; sin embargo, hay coaliciones tóxicas que restan. Por una parte, por ejemplo, el Partido Revolucionario es una especie de enfermedad patológica que infecta todo lo que toca a su paso. De eso nos hemos dado cuenta a lo largo de este proceso electoral presidencial que atestiguamos.
Ya nadie se entusiasma con la nomenclatura del PRI. El propio Alito, que además de dedicarse a desmantelar los órganos institucionales que toman decisiones colectivas, destruyó la democracia interna. Aunque sabemos que jamás la hubo, sí debemos reconocer que el PRI de antes, se notó, formó uno que otro político con oficio. Algunos trascendieron por su capacidad operativa y su labor habilidosa. Otros, en cambio, se aprovecharon del presupuesto público para enriquecerse bastante. Siendo así, de nada sirvieron los años y décadas que gobernaron cuando, en los hechos, se perpetró la ignominia en muchos acontecimientos que enlutaron al país. Las luchas estudiantiles, desde el punto de vista histórico, podemos declararlas como las más lamentables del siglo XX, mayormente en la etapa punitiva de Gustavo Díaz Ordaz. La evidencia más clara de ello son los episodios de irrupción de la fuerza pública en la Plaza de las Tres Culturas no solo para replegar a los manifestantes, sino para masacrarlos.
No hay nada de lo que pueda presumir el PRI para enorgullecerse. De hecho, el Revolucionario Institucional, tarde que temprano, tendrá que asumir el costo tan elevado de haberle fallado al país durante muchas décadas. Hay mucha razón en el desprecio que proyecta la población hacia las siglas del PRI. Ellos, de todo el sistema de partidos, son la expresión más repudiada. Es muy probable que, en algunos años, el partido cierre sus puertas como lo hizo el PRD. Por eso tanta necesidad de buscar aliados; su fin, sobra decir, es la supervivencia. Han dejado de ser una estructura sólida, mucho más ahora que se terminó su hegemonía y no son, en tiempos presentes, una alternativa como para echar mano de su militancia.
Aplaudo la decisión de la dirigencia nacional del Partido Verde Ecologista. A través de un comunicado, y en algunas presentaciones con la prensa, sus liderazgos han cerrado la puerta a cualquier alianza con el PRI en San Luis Potosí. Fue, además, una determinación inteligente. El caso es que, con ello, resolvieron rápido una versión que jamás, déjenme decirles, prosperó, mucho más ahora que el PVEM ha refrendado el respaldo irrestricto a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Ese hermanamiento que predomina, sumado al apoyo legislativo que ha hecho posible un andamiaje de reformas constitucionales, es la prueba más evidente de que el respaldo es al proyecto.
Más allá del acompañamiento —en ese derecho a disentir y la crítica—, la propia dirigencia nacional de Morena ha entendido a la perfección que no siempre se puede estar de acuerdo. Para ellos el tema del nepotismo es una cosa y para los verdes otra. Si somos objetivos, la aspiración legítima de Ruth González en la carrera por la gubernatura tiene toda la validez y el respaldo del grueso de la población. Eso, evidentemente, hará que la sociedad, al menos en San Luis Potosí, se disuelva. Cada uno, por separado, mandará su mejor carta al juego por la sucesión del ejecutivo estatal. De hecho, podemos sentir que el respaldo, en su inmensa mayoría, se carga potencialmente a la causa del PVEM. La última encuesta que publicó Reforma, por ejemplo, muestra que el partido del tucán, en todos los escenarios posibles, gana dos o hasta tres votos a uno. Como es sabido, no necesita del PRI.
Esa situación, para este entonces, parece estar definida. Quizá el Verde encuentre un aliado en las siglas del PT. Puede ser. Lo que es una realidad, pongámoslo así, es el triunfo inminente que tiene el PVEM en la carrera por la gubernatura de San Luis Potosí. De hecho, se ha tomado muy en serio este proceso interno y, de un momento a otro, la dirigencia nacional ungirá a Ruth González como su candidata. Ella, que ha tomado la delantera en todos los estudios de opinión pública, está en su mejor nivel para que sea nombrada la abanderada y futura sucesora de Ricardo Gallardo.

