Se cumplen cinco años desde que se decidió arraigar la cultura de participación anticipada con el juego de las llamadas corcholatas. Eso, desde luego, hizo que hubiera mayor participación y un dinamismo que contagió a todos los actores de la vida pública del país. En aquel entonces, recuerdo, muchos protagonistas tomaron la decisión de lanzarse de lleno en ese afán de ir construyendo su propio camino y abrir nuevos frentes. Debido a ello, no podíamos subestimar a ninguno de los actores que, a la postre, alcanzaron un nivel de popularidad sustancial que les alcanzó para acariciar la candidatura presidencial. Todos sabemos quién terminó siendo la abanderada que más posibilidades tenía de llegar a Palacio Nacional.
Y precisamente hoy, que hemos incursionado en una etapa coyuntural similar, la fiebre electoral está en su mayor apogeo. Todo apunta, más allá de que sea el ejercicio más grande de la historia, a que tengamos uno de los procesos más desgastantes por la intensidad con la que se juega. Quienes han tomado la decisión de participar, por ejemplo, saben a la perfección el terreno minado al que están expuestos. Guerra sucia, fuego amigo, maquinaciones y hasta una que otra infamia en ese afán de afianzarse en la carrera por la gubernatura. Nos guste o no, esto es parte de esa álgida batalla, máxime por lo que está en juego ahora que habrá transición de 17 gubernaturas y la renovación de la Cámara de Diputados, otras de las grandes prioridades para diseñar un esquema de reformas constitucionales.
Quienes presenciamos el juego de las corcholatas, desde su génesis, supimos la intensidad con la que se jugó; sin embargo, no habíamos visto algo similar a lo que hoy acontece, mucho más ahora que se han tratado de politizar asuntos para sacarle el mayor provecho posible, fundamentalmente del lado de la oposición; sin embargo, no hay que olvidar que, de un tiempo para acá, el voto de la población es más a conciencia. No hay, desde que se rompió esa brecha de la enajenación, tanta injerencia en los distintos sectores. De eso nos podemos dar cuenta, especialmente en vísperas de que se lleve a cabo una dinámica de la magnitud que se avecina. Por esa sencilla razón, vale mucho la pena seguir de cerca cualquier acontecimiento que, a la postre, pueda marcar la diferencia para aquellos que buscan un puesto de elección popular.
Dada la fiebre constante de la que hablamos, sumada al tiempo de antelación con el que comenzó a jugarse, esto nos marca la pauta para decir que, en sí, la campaña ha iniciado pese a que no son tiempos oficiales. Todo eso, en verdad, podemos tomarlo como aspectos sustanciales de la agenda pública, sobre todo ahora que se ha propagado una cadena de renuncias de personajes de renombre. Sabemos, por ejemplo, que Santiago Nieto, uno de los perfiles fuertes para ganar la gubernatura de Querétaro, presentó su renuncia al cargo del IMPI. Así que, durante el mes de mayo, seguirá fungiendo como titular del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. Él, no tengo la menor duda, cargará con la responsabilidad de representar a la izquierda ahora que se oficialice su candidatura, que será inminente.
Otra de los personajes que forma parte de ese espiral de renuncias, por su relevancia, es Tatiana Clouthier. Hace un par de días, a través de sus redes sociales, hizo pública la separación de sus funciones para meterse de lleno en la contienda por la candidatura de Nuevo León. Y ahora que está en sus planes apuntalar una estructura nutrida, y dada lo representativa que es su imagen, logramos augurar aspectos positivos. A ello logramos sumarle el cúmulo de elogios que le mandó la presidenta desde la tribuna de la mañanera. Dadas las circunstancias, podemos decir que es, en definitiva, uno de los perfiles que más ha consagrado una carrera política dentro del movimiento de la Cuarta Transformación; es decir, tiene inmensas posibilidades de derrotar a Movimiento Ciudadano, más allá de que será una batalla intensa y por el interés que siempre despierta el norte del país, pero, sobre todo, por la capacidad operativa y territorial con la que cuenta Clouthier dentro y fuera de la 4T.
Y como los tiempos se acortan, dada la antelación con la que se juegan los comicios, se vendrá una cascada de renuncias en los próximos días. Hace poco, de hecho, me llamó mucho la atención la entrevista que le hicieron a Cruz Pérez en Radio Fórmula. El presidente municipal de Ciudad Juárez, de los cruces fronterizos más importantes de México, mandó una clara señal de que se integrará a ese andamiaje de actores que, por decisión propia, buscan ser candidatos a la gubernatura de Chihuahua. Por el mal momento que vive la gobernadora, ahora que se desnudó el entramado de situaciones en la participación de agentes de la CIA, le abre la puerta al edil para obtener ese respaldo del grueso de la población. De hecho, todo apunta a que será una de las elecciones con más atención de la prensa y, de paso, por la magnitud del territorio que estará en disputa. Haciendo cálculos, ahora que se han divulgado encuestas, vemos con claridad que la alternancia se asoma en el norte. Desde luego que las elecciones se juegan; no obstante, hay elementos cuantitativos para decir que, hoy por hoy, la balanza se inclina a favor de la causa de Morena.
Probablemente estemos en presencia de uno de los momentos con mayor efervescencia en la historia de los procesos electorales, mayormente por la lucha de los posicionamientos que tienen todos los partidos que, a decir verdad, echan mano de todas las estrategias que tienen a su alcance para tener margen de maniobra para operar una campaña que, podemos decirlo así, ha comenzado en esta coyuntura decisiva de una fiebre apasionante. Por lo pronto, seguirá habiendo acomodos por el espiral de renuncias que vienen en puerta. La siguiente semana, por cierto, sabemos que la presidenta anunciará cambios en el gabinete para cubrir a quienes se han lanzado de lleno al juego por el poder.

