En este momento, cuando la cuenta regresiva avanza sin pausa, la competencia interna por la candidatura ha alcanzado su punto más tenso. En cada entidad se desarrolla una disputa intensa por el posicionamiento público, una dinámica que funciona como un verdadero punto de inflexión y que, de mantenerse, podría alterar los escenarios que hasta ahora se han planteado. Todos los aspirantes —tanto hombres como mujeres— buscan fortalecer su respaldo social en un contexto donde el activismo territorial se ha intensificado y, en algunos casos, la difusión anticipada de propaganda comienza a adquirir mayor visibilidad. Este último aspecto exige especial atención, particularmente por parte de las autoridades electorales, que deberán garantizar condiciones de equidad, pluralidad y vigilancia efectiva ante lo que está en juego.
Durante las últimas semanas, al menos en Morena, la presión se torna muy fuerte. Creemos que eso, por mucho, fue uno de los motivos para decidir con mucho tiempo de anticipación las llamadas coordinaciones del voto. Sabemos de sobra que hay desacuerdos y una incertidumbre que alimenta a cada uno de los aspirantes por la selección en materia de género. Muchos aspirantes, pese a estar en la cima de las preferencias, tendrán que ceder la estafeta para equilibrar la balanza. Y como los días se acercan, hay una plena seguridad de que los candidatos queden ungidos la última semana de este mes de junio. Todo eso se ha corroborado con la propia dirigencia nacional de Morena precisamente ahora que ha diseñado una gira por el país para calmar las tensiones y, de paso, abrir el compás del consenso y las negociaciones.
Eso, por sí solo, ha movilizado a todos los aspirantes que, a lo largo de esta semana, se reunieron con Ariadna Montiel y Citlalli Hernández. Dicen los que saben que, además de las llamadas de atención por el fuego cruzado entre quienes buscan afianzarse en la cima de las preferencias, hubo una clara intención de reducir e inhibir la fuerte presión porque habrá, como pasó con las llamadas corcholatas, margen de maniobra, ya sea para tener espacios en el poder estatal o, de plano, para encabezar distritos locales o federales. Para no ir más lejos, la dirigencia nacional ha sentado las bases para demostrar que hay voluntad, pero también oficio para no encontrar en el entorno algunos destellos que sean una amenaza para la polarización, a pesar de que uno y otro han caído en los excesos para promocionarse.
De nuestra parte, por otro lado, lo que queda es hacer una evaluación minuciosa de los perfiles que, sabemos, han tomado la delantera en el seno de Morena. Tenemos, en efecto, una lectura muy clara de hombres y mujeres que lideran las encuestas preliminares. En lo personal, dada la naturaleza de los estudios demoscópicos de mayor peso político, hemos concluido que quienes más han ganado simpatías son, en definitiva, aquellos que han sabido administrar el liderazgo. Incluso, la mayor importancia radica en poder oficializar a nueve mujeres y ocho hombres, de acuerdo con la propia narrativa de la presidenta, que ha dejado claro que serán más coordinadoras las que predominen.
Y como los tiempos se acortan, dejo mis pronósticos en base a todas las encuestas de opinión, principalmente las de mayor peso.
En Baja California, por ejemplo, Julieta Ramírez continúa posicionándose como la figura con mayor fortaleza; en Baja California Sur, las tendencias se inclinan de manera clara hacia Milena Quiroga; y en Sinaloa —uno de los bastiones más sólidos del oficialismo— todo indica que la senadora Imelda Castro mantiene una ventaja cómoda.
En Nayarit, donde la izquierda busca refrendar su triunfo, el panorama se ha ordenado alrededor de Héctor Santana. Un escenario similar se observa en Querétaro, donde Santiago Nieto avanza con paso firme.
En Aguascalientes, nuevamente, Nora Ruvalcaba aparece como la figura más competitiva, mientras que en Colima las mediciones siguen favoreciendo de manera consistente a Rosi Bayardo.
En Guerrero, pese al debate público en torno al tema del nepotismo, Félix Salgado continúa siendo el perfil con mayor respaldo social.
En Campeche, Pablo Gutiérrez se perfila con claridad, al igual que Gino Segura en Quintana Roo.
El caso de Tlaxcala resulta especialmente ilustrativo: la legisladora Ana Lilia Rivera conserva una ventaja de dos a uno prácticamente en cualquier escenario.
En Nuevo León, el anuncio de Tatiana Clouthier sobre su intención de competir por la gubernatura generó un efecto inmediato: domina los ejercicios internos con una ventaja amplia.
En Chihuahua, todo apunta a que la candidatura recaerá en un hombre, y el perfil más sólido es Cruz Pérez, alcalde de Ciudad Juárez.
Por último, en esta fase del procedimiento, caracterizada por un progreso constante en el establecimiento de acuerdos y en las negociaciones internas, se ha creado una situación en la que el Partido del Trabajo podría liderar la definición en Michoacán. La importancia de esta proposición aumenta debido a la relevancia que ha adquirido Reginaldo Sandoval, quien tomará parte directamente en la mesa de negociación entre las fuerzas que conforman la coalición Seguimos Haciendo Historia.
Su participación en ese espacio obedece a principios de equilibrio político y representatividad, y es parte del sistema establecido para asegurar la unidad, prevenir divisiones y garantizar que las disposiciones se tomen con criterios de unidad entre los partidos aliados.

