Es cada vez más común hablar de lo que puede llegar a suceder con el proyecto de reforma electoral que, hasta donde sabemos, se está reestructurando en el fondo y el contenido. De hecho, las voces que se encargaban de explicar a detalle los alcances que tendrían fallaron; no fueron elocuentes y, en muchas ocasiones, amagaron en convertir el órgano electoral en una institución vulnerable en su esencia autónoma. Eso dio lugar a especulaciones y posicionamientos que, en algunos casos, llegaron a indignar a los propios aliados porque había demasiadas cosas que no estaban claras como para aventurarse a una votación colectiva.
Y si hablamos de incertidumbre, claro está, también el contenido de la reforma que intentó esbozar confirmaba que, de pronto, estaban en riesgo la representación de las voces de las minorías. Es verdad, Morena jamás evadió el tema; el verdadero fin era, sin duda, eliminar de un plumazo los espacios plurinominales que, en su momento, fueron parte de los logros en aquellos tiempos donde el todopoderoso PRI acaparaba todo. Desde ese punto de vista, recuerdo, la izquierda comenzó a hacerse notar; más voces representaban los intereses del pueblo, sobre todo porque fue algo que se logró con esfuerzo no menos importante ni relevante. Fue un paso crucial para que la democracia y las voces que sucumbieron ante el poder tuviesen la oportunidad de subir a tribuna.
Como sabemos, las dirigencias nacionales de Morena, PVEM y Partido del Trabajo han signado un acuerdo para ir en unidad en las elecciones intermedias del 2027. Es, ni más ni menos, un pacto de colaboración que naturalmente influyó con el mar de posicionamiento por el tema de la reforma electoral. Desde luego que la revalidación de una sociedad determinará el futuro y, con ello, refrendar los triunfos que se han obtenido con los votos de las tres fuerzas. Efectivamente, la postal que circuló con los tres líderes nacionales tiene una lectura de fondo muy importante que provoca optimismo para encontrar el consenso y, con ello, sumar los votos suficientes para avalar el proyecto.
Nadie sabe a ciencia cierta los acuerdos a los que llegaron las tres dirigencias nacionales para firmar un acuerdo de unidad; sin embargo, podemos echar andar la imaginación y la lógica tomando en cuenta el asunto sustancial que predomina. De entrada, nos hace pensar que las pláticas para conservar espacios de representación proporcional son flexibles para seguir conservando una proporción importante que garantice la participación democrática y el equilibrio entre poderes, sobre todo con las contrapartes. Es indispensable, lo dijimos, que el legislativo tenga garantizado acceso a quienes piensan diferente. No tendría ningún sentido construir una maquinaria sin debates álgidos; o sea, un patrón omnipotente que solo vote mecánicamente.
La pregunta que predomina es ¿hasta qué punto Morena cedió terreno a los partidos aliados? A bote pronto, en definitiva, podemos decir que el Partido del Trabajo tendrá, al igual que el verde, margen de maniobra para colocar a perfiles en las candidaturas que, sobra decir, buscarán las gubernaturas de algunos enclaves estratégicos para ellos, lo mismo que distritos donde figuran con más fuerza el PT y PVEM. Por la lógica de las situaciones, hemos llegado a la conclusión de que Morena cederá la estafeta al Verde en San Luis Potosí. No necesariamente Ruth González debe abanderar a Morena, sino a las siglas que la ha llevado a la senaduría. Ella, además de todo, es puntera de todas las encuestas de opinión pública que circulan a diario. Diría, viendo la perspectiva, que el verde no renunciará a esa posición que ha tomado de respaldar a su mejor carta que es la legisladora. Inclusive ella, por sí sola, pasa por encima de todas las fuerzas. Pero de lo que se trata es de mostrar la unidad, especialmente para legitimar un proyecto de reforma electoral que, sí o sí, necesita de todos.
Y para el PT, lo dijo Alberto Anaya, se construirá juntos un proyecto de reforma electoral. Antes de que eso suceda, queda claro, puede haberse sellado el espacio que cederá Morena para las elecciones intermedias. Se habla de Michoacán y el liderazgo de Reginaldo Sandoval. Aquí en la entidad, y allá en lo legislativo, el líder de la fracción parlamentaria del PT en San Lázaro tiene gran influencia. Es, ni más ni menos, el líder que ha sabido manejar a sus pares con responsabilidad y congruencia. Lo más importante de todo, que se ha dicho siempre, es la lealtad al proyecto de transformación, eso sí, haciendo valer el derecho a disentir que debe predominar en una democracia participativa. Debe añadirse que, en definitiva, la foto que circuló tiene una oleada de lectura que, desde ahora, podemos decir que sucederán porque en todo parlamento debe existir la flexibilidad, pero también el acuerdo y el consenso para que la tolerancia sea la apuesta.

