Se ha ido especulando mucho acerca de los acuerdos que pueden concretarse en esta coyuntura política que se ha dado. El punto principal, que ha ido acaparando la atención, es el proyecto de Reforma Electoral. No sé si la propia presidenta esperaba una reacción inmediata de las dirigencias nacional del Verde y PT. Hoy, evidentemente, podemos asegurar que esperó una posición contundente que estriba en los espacios de representación proporcional. Al ver que cada uno de los partidos aliados ha fijado postura, queda claro, el tamaño de la resistencia fue mayúsculo por dos razones principales. La primera, palpablemente, radica en que se ignoró por completo construir un proyecto en lo colectivo. Y el segundo, quizá el más sustancial, es que Morena no tenía presupuestado que habría una rebelión que se ha desatado, inclusive en muchas entidades. Eso es constante, principalmente a principios de esta semana.
Entrando en detalles, la crispación se elevó también por el menosprecio a la construcción de un propósito. Demasiadas razones para mostrar una molestia, sobre todo cuando se ha caminado siempre en unidad en torno a un proyecto de nación. Hay que dejar claro que, hasta ahora, no se rompió ni se ha disuelto ninguna sociedad. Lo que es una realidad, queda claro, es que los canales entre el gobierno y los partidos aliados han tenido apertura para encontrar una salida que está sujeta al proyecto electoral. Con mayor precisión, hablamos de los espacios de representación proporcional que, a capa y espada, defenderán PT y PVEM por una razón muy poderosa: darle voz a las minorías que encuentran cabida en esas corrientes. Hasta donde sabemos, la posición de uno y otro es, en definitiva, mantener los contrapesos que, a la postre, no deje en desamparo a todos aquellos que buscan tribuna al disentir de un asunto en la expresión de las ideas.
Hay que admitir que la narrativa cambió y las posturas del gobierno han dado un giro. Resulta más que evidente que hay negociaciones para encontrar un acuerdo en común. Ese poder solo existe en los votos que sumen PT y PVEM. Sin ellos, claro está, será imposible modificar el marco constitucional en una de las prioridades de la presidenta. Mientras que el asunto sigue latente, Rosa Icela Rodríguez, tras bambalinas, sostiene pláticas con referentes nacionales del PT. Es bien conocida la charla que sostuvieron en Bucareli con Alberto Anaya. En ese sentido, sobra decir, se percibe que Morena hará un esfuerzo por considerar la propuesta, primero, de continuar con la alianza y, con ello, acceder y flexibilizar el reparto de posiciones en gubernaturas, diputaciones federales y locales, lo mismo que ayuntamientos.
No se trata de un chantaje ni mucho menos supeditar los votos a cambio de posiciones. En realidad, el fin es equilibrar la balanza y ser partícipes de un proyecto que no solamente construyó Morena, sino también el Partido del Trabajo desde su génesis. Ellos, sin dudar, han apostado siempre por Andrés Manuel López Obrador, inclusive en los momentos de mayor tensión. Gracias a ello se consiguió la presidencia de la República y la aprobación de un paquete de reformas constitucionales. Es, hasta cierto punto, una legítima propuesta el reconocer su labor para encabezar entidades que, aunque muchos de Morena no estén de acuerdo, pueden pasar a manos del PT o Verde, eso sí, de sellar un pacto de unidad a fin de alcanzar la anhelada mayoría calificada.
Así lo asumimos todos, básicamente por el interés que cada partido ha demostrado por puntos específicos. Ha trascendido, de hecho, que Zacatecas y Michoacán son prioridades para el Partido del Trabajo. La primera, por lo tanto, abriría la posibilidad a Saúl Monreal de encontrar acomodo. Él, inclusive, ha enviado muchas señales y guiños al PT por las restricciones que ha fijado Morena en el tema de nepotismo. En ese sentido, el PT no tendría ninguna limitante para respaldar un perfil potencialmente competitivo como el Senador. Ese entendimiento puede llevarse a cabo desde la dirigencia nacional como una de las opciones para la gubernatura.
También el PT, que irá directo en sus prioridades, pondrá a Michoacán y pugnará por quedarse con la coordinación de la defensa del voto en la mesa o, mejor dicho, de común acuerdo en una negociación que, desde ahora, puede sellarse en la Secretaría de Gobierno. Ambas partes pueden estar de acuerdo y, en esa lógica, la responsabilidad recaería en Reginaldo Sandoval, líder de los diputados en San Lázaro, y uno de los protagonistas más visibles del PT a nivel nacional. Y él, que también tiene en sus manos el futuro del proyecto electoral, mantiene viva la esperanza de colarse en la candidatura de la coalición Seguimos Haciendo Historia. Mucho dependerá, ya lo dijimos, de la voluntad que exista de avalar una prioridad de la presidenta. No se necesita ser muy suspicaces ni tratar de descifrar un enigma. Lo que pide el PT es equidad y equilibrio en los puestos de participación popular, eso sí, sin ningún menosprecio, hablando particularmente de la capacidad y el poder de convocatoria que tiene el PT.
Como es sabido, también el Verde Ecologista hará valer su derecho a fijar su posición. Lo alentador para ellos, sin duda, radica en la estructura nutrida que han ido acumulando en San Luis Potosí. Ricardo Gallardo, gobernador en turno, ha cargado con responsabilidad el desafío de gestionar una administración. De hecho, responde puntualmente a los objetivos que, dicho sea de paso, se ven plasmados en las encuestas de opinión pública. De acuerdo con los registros de Gobernarte, de enero, Gallardo se sitúa en la posición número uno. Eso, como tal, le da margen de maniobra para poder influir en la designación en la carrera por la gubernatura del 2027. Algunos han dicho equivocadamente que habrá una imposición. En el caso concreto de Ruth González, senadora de la República, ella misma tiene un trayecto consagrado. Aparece, en efecto, como una de las legisladoras más propositivas de la Cámara Alta. Y si a eso vamos, los estudios metodológicos la colocan en la cima de las preferencias del grueso de la población de San Luis. Con ello, el verde puede reclamar continuidad con la suma de los aliados. De no ser así, sabemos, el PVEM tiene la estructura suficiente para ganar nuevamente la entidad. Al analizar los estudios, tiene todo para ganarle a cualquiera.

