Hace quince años quién hubiera pensado que el futbol americano y la economía michoacana estarían tan vinculados. Parecían tan distantes. El gusto michoacano por el deporte se inclina mucho más por el balompié y la afición estadounidense no es seguidora del equipo local de futbol.

El aguacate ha cumplido con ese propósito, ha sido el embajador comercial que ha relacionado gastronómicamente a Michoacán con el espectáculo que se genera en torno al Super Tazón. Ha ocurrido que este fruto ha conquistado el paladar de los espectadores quienes lo han incorporado a la lista de los productos más consumidos mientras se pelea en la cancha.

Año con año la cantidad de aguacate que se consume en el mercado estadounidense se ha venido incrementando para beneplácito de algunos productores, pero sobre todo de las comercializadoras, no obstante que los huerteros se quejen del actual bajo precio.

En los días que corren, previo a esa fiesta, ya se presume una cantidad fabulosa de aguacate destinado a la exportación, más de 130 mil toneladas. No es cualquier cifra, el valor que el aguacate aporta a la economía michoacana es considerable, ronda el 4.5 % del Producto Interno Bruto, y es resultado de una expansión ilimitada e irrefrenable de este mono cultivo.

La bonanza del negocio continuará para 2023 pues se estima un crecimiento continuo de la producción, además de que tendrá un repunte por el éxito del aceite de aguacate, que ya se perfila como otra rama industrial para abastecer un nuevo mercado. La Sagarpa estima que el crecimiento promedio anual de aquí al 2030 será del 3.5 %, es decir se pasará de producir 2.84 MMT a 4.24 MMT, es decir, casi se duplicará, lo que supone duplicar las áreas de cultivo ya que hasta ahora el incremento de la producción no proviene de prácticas intensivas sino por crecimiento de hectáreas cultivadas.

En términos comerciales deberá reconocerse que la APEAM ha operado una estrategia exitosa que se ve reflejada en el crecimiento anual de la exportación de este fruto hacia Estados Unidos y a otras naciones. Han logrado un nicho de mercado bastante sólido que es el motor que impulsa el febril cultivo de aguacate en todos los rincones michoacanos en donde pueda hacerse.

La APEAM tiene en operación un equipo de cabilderos que desbrozan y allanan el camino para que el producto pueda alcanzar la mayoría de los mercados del mundo. Actúan sobre una base financiera poderosa y con vínculos políticos en los más altos niveles gubernamentales. Son exitosos en su misión, han logrado esquivar los acotamientos ambientales que tienen las naciones a donde han penetrado. Incluso le han podido dar la vuelta a los ordenamientos ambientales establecidos en el capítulo 24 del T-Mec.

No obstante, algunas voces en las naciones europeas han comenzado a cuestionarse sobre la coherencia ética de comprar aguacate michoacano a sabiendas de que la mitad de su producción procede de prácticas ecocidas. Lo mismo comienza a ocurrir en Estados Unidos, que es el mercado más extenso a donde va más del 80% del fruto.

La fiesta del super tazón representa regocijo y euforia para los espectadores y para los productores aguacateros, sin embargo, en contraste representa una pérdida preocupante de bosques y estrés hídrico para los ecosistemas y la vida humana. La huella ecocida del aclamado fruto proyecta una sombra extensa: incendios forestales, tala ilegal, cambio de uso de suelo, contaminación agroquímica, acaparamiento de agua, corrupción, extorsión criminal y sangre.

Cada año que pasa los huerteros, para poder cumplir con sus alucinantes metas productivas, se alejan cada vez más de la ruta de la sustentabilidad; el discurso corporativo de APEAM de fijar la frontera agrícola, evitar la expansión aguacatera y lograr que su cultivo sea amigable con el medio ambiente se muestra tan vacío como la desolación de las miles de hectáreas taladas o calcinadas que anualmente se suman a la fiebre del oro verde.

Michoacán está rebasando la relación entre bosques existentes frente a tierras taladas o con cambio de uso de suelo con datos de hace 25 años. La velocidad con la que avanzamos podría lograrse que en un par de años registremos un déficit absoluto de bosques de pino y encino frente al incremento de huertas que demandan cantidades de agua que ya no podrán proporcionar los menguados bosques.

El espectador del super tazón estadounidense, como el consumidor mexicano, debería reflexionar críticamente en estas fechas que la mitad del aguacate que consumen proviene de la destrucción ambiental. Que atrás de cada fruto existe una historia que narra la destrucción del presente y el futuro de varios pueblos michoacanos.

Debe ser también un recordatorio para las autoridades ambientales del gobierno mexicano de que este sector ha sido abandonado al egoísta capricho de inversionistas que solo alcanzan a ver el dinero ahí donde antes había o hay bosques y tierras aptas para el aguacate.

Atrás de su éxito financiero está el fracaso ambiental de un estado al que ya muy poco le queda de su orgullo ancestral verde y azul.

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