El exgobernador de Michoacán es un viejo lobo de mar y sabe pelear contiendas electorales, internas y externas, y si bien en este momento no tiene fuerza en la alianza PAN, PRI, PRD, estoy seguro que alcanzará candidaturas y cargos públicos en 2024 para él y para su equipo de colaboradores más cercano.

En realidad su campaña actual ha tomado fuerza al interior del PRD, y es solo aquí en donde lo hace, porque en la alianza, tanto el PRD como Silvano Aureoles pesan muy poco.

Es más, el PRD en este momento es un lastre para Silvano, pero el exgobernador michoacano no lo dejará porque es parte de su estrategia. Él y su gente saben que necesitan apropiarse por completo de este partido y/o algún otro para tener acceso a las candidaturas y cargos. De ahí su insistencia en caminar haciendo campaña rumbo al cambio de dirigencia nacional y la contienda presidencial en 2024.

Y digo que su partido y el propio Silvano no pesan en estos momentos en la alianza, porque Morena los dejó sumamente debilitados, lo mismo que sus propios errores de avasallamiento.

Durante todo su sexenio Silvano arrebató todo para él y para los suyos y varios que lo siguieron años atrás decidieron abandonarlo. Hoy esos mismos políticos están ya en Morena y se encargaron de dejar famélico al PRD de Michoacán.

Sin embargo, a nivel nacional esta circunstancia de debilidad le ayuda. El PRD como Partido nacional está muy débil y esto hace que Silvano tenga la oportunidad de apropiárselo. El dique más fuerte para Silvano es Jesús Zambrano, dirigente nacional actual que no quiere al de Michoacán, pero con toda seguridad el exgobernador terminará imponiéndosele, porque es más gallo Silvano que Zambrano.

¿Qué le resta por hacer entonces? Silvano Aureoles quedó muy disminuido con el anuncio de la alianza PAN, PRI, PRD para las elecciones de este año, pero no me parece que esté muerto.

Silvano es muy zorro, sabe jugar y apostar, tiene huevos. Por ello, ahora ha virado su narrativa hacia la “importancia de la sociedad civil”, y aquí se estacionará por algún tiempo.

Silvano sabe que como PRD no tiene mayor fuerza; el Partido no tiene estructura fuerte y lo que tienen como estructura es demasiado pequeña.

El tema es que articular ahora el discurso a favor de la sociedad civil tampoco le alcanzará al de Michoacán y no será así, porque en realidad es una mentira. La sociedad civil, o más bien, alguno que otro encumbrado de los grupos de la sociedad civil, lo que buscan y obtendrán serán candidaturas como “apartidistas”, pero dentro de la alianza. Esta es la realidad.

Esto no es desconocido, pero Silvano sólo alimenta la simulación. Aureoles Conejo está jugando para él y para su gente, y en realidad la sociedad civil sólo es un discurso que utiliza para aterrizar en un terreno en donde nunca ha jugado con sinceridad y no lo hará.

La razón es muy simple: ellas y ellos, los políticos de profesión, jamás permitirán que alguien que no sea de sus partidos se les adelanten en la lista de las candidaturas. Las y los políticos viven de eso y tienen años “haciendo fila”, jamás permitirán que un apartidista les quite la candidatura que tanto han pedido.

De ahí que Silvano esté jugando una de sus últimas cartas: decir que la sociedad civil debe participar en el proceso y método de selección de candidatos. ¿Por qué aseguro esto? Porque en realidad no se ve ninguna estructura real de la sociedad civil que lo acompañe. Me refiero a estructuras realmente apartidistas.

México tiene muchos años con varias estructuras de la “sociedad civil” simuladas, creadas bajo el amparo de los gobiernos y los políticos, para ser utilizadas durante las campañas como meras estructuras “legitimadoras” de las narrativas. Así se juega la política en este país.

De ahí que Silvano no tenga la fuerza que dice tener, aunque sí la puede tener. Solo basta que lo decida, pero por el momento es mera simulación su discurso.

Gatopardismo, pues: “Cambiar todo, para que todo siga igual”.

*El autor es consultor, tiene estudios de doctorado en Política, de maestría en Comunicación, de maestría en Neuromarketing, de maestría en Ciencia Política y de licenciatura en Derecho.

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