Que no quede en palabras

La opinión de Julio Santoyo ✍🏻

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Muy claras fueron las palabras de los ciudadanos que participaron en el Taller para el Fortalecimiento de las Capacidades Ambientales de los Municipios de la Región Oriente de Michoacán, realizado en Ciudad Hidalgo el día 23 de noviembre: “que no quede sólo en palabras”.

Este tipo de encuentros, pensados para la reflexión y el compromiso en torno a los problemas ambientales que enfrentan los municipios, han promovido la participación de ciudadanos, organizaciones ambientales y servidores gubernamentales con una finalidad, construir agendas locales que den pie a políticas públicas municipales.

Ha sido el tercer taller y fue anfitrión el gobierno municipal de Cd. Hidalgo, y el Centro de Bachillerato Tecnológico Forestal Núm. 6 que tuvo una destacada participación con sus alumnos y docentes; ahí concurrió el gobierno municipal de Maravatío, la Cofom, Coepris, Proam, Sader, la Secretaría de Educación, la Secretaría del Medio Ambiente y la Ceac. También concurrieron organizaciones ejidales de San Pedro Jacuaro, El Aguacate, y organizaciones de la sociedad civil como el Club Rotario, Biocenosis, Alternare,  la Red Ambiental, Amigos de la Monarca A.C.

La agenda con la que se trabajó refleja, de antemano, la problemática propia de la región: Bosques y Cambio de Uso de Suelo, Salud y Alimentación, Biodiversidad y conservación, usos y disponibilidad del Agua, y, Educación Ambiental.

Las palabras que sonaron como estruendo en el auditorio, reflejan en el fondo un sentimiento de desconfianza social que proviene del abandono notorio en que el estado mexicano ha tenido las cuestiones medio ambientales, y también de cierta indiferencia ciudadana que prefiere voltear para otro lado y no encarar sus propios descuidos.

Y aunque no ha estado en la agenda de los talleres que promueve el Consejo Estatal de Ecología y la Secretaría de Medio Ambiente, la cuestión de la percepción social sobre las responsabilidades constitucionales del gobierno, ha estado presente como corriente de magma subterráneo que brota aquí y allá en las reflexiones de quienes participan.

Es sencillo, porque es visible, corroborar la preocupación generalizada de la sociedad en torno a la problemática ambiental que se manifiesta en los entornos locales, desde la cuestión de la basura, el cambio de uso de suelo, la disponibilidad y calidad del agua, los incendios forestales, la extinción de especies, la tala ilegal, y más; todos ellos son asuntos que han dejado de ser marginales en el diario existir para convertirse en problemas que deben atenderse con urgencia.

Desafortunadamente la agenda ambiental ha sido degradada desde el discurso demagógico de los políticos quienes la usan para vestirse y la tiran a la basura cuando se hacen del poder. Si fuera de otra manera hace muchos años que tuviéramos políticas públicas firmes y con resultados verificables por todos, por ejemplo, cero cambio de uso de suelo, regulación con justicia ambiental en los usos del agua, reducción en el uso de combustibles fósiles, sistema eficiente en el manejo de la basura, planificación urbana y economía sostenible, o protección efectiva de especies vegetales y animales.

Como bien se dijo por uno de los talleristas, la “estúpida ruptura en la continuidad de las políticas que han funcionado bien”, ha retrasado y atascado el avance de la agenda ambiental, y peor todavía, ha generado una desconfianza social tal que suele influir de manera negativa en el ánimo cívico.

En Cd. Hidalgo los ciudadanos insistieron en que lo expresado no quede sólo en palabras y que los compromisos se cumplan. Pero también ha quedado claro en las mesas que, frente a la indiferencia gubernamental, cada actor tiene el deber de asumir su compromiso para transformar en su microcosmos lo que esté al alcance de sus fuerzas y posibilidades. 

La agenda ambiental, se ha dicho, a diferencia de un puente o un camino, no asegura votos inmediatos para los políticos porque su temporalidad y visibilidad es a largo plazo. Si la percepción de la realidad inmediata es continuamente manipulada por los políticos para generar opiniones a su favor, la percepción de la realidad ambiental, que implica valoraciones más complejas, es en definitiva abandonada a la manipulación que de esa realidad puedan hacer los poderes fácticos que obtienen riqueza de la devastación natural y de la euforia consumista del mercado.

El modesto esfuerzo que significa la realización de estos talleres para la constitución de agendas locales, sin embargo, se ve gratificado por la entusiasta participación de ciudadanos y alumnos —como ocurrió esta ocasión— que con conocimiento y lucidez apuntan sobre los problemas que deben atenderse desde todos los ámbitos de la vida pública.

Sean esos pequeños esfuerzos los que terminen convirtiéndose en caudal imparable para que, de una vez por todas, Michoacán logre construir las políticas públicas que necesita para proteger los ecosistemas que nos dan vida y asegurar con ello nuestro derecho humano a un medio ambiente sano.

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