Hanna y Diego Urik se conocieron en el 2018 en la preparatoria Valladolid, comenzaron con una amistad y con los años, y la convivencia, la relación se convirtió en sexual y sentimental, pero sin formalizar.

Este viernes, la mejor amiga del presunto feminicida reconoció que los celos entre ambos los llevaron a mantener una relación “tóxica”, pero ella lo amaba, confiaba en él y lo apoyaba.

Durante la audiencia de este viernes, en torno al caso de feminicidio de Jessica González Villaseñor, la joven confesó haber sufrido violencia física y psicológica por parte de su amigo, especialmente cuando el tomaba bebidas alcohólicas.

“Estaba joven y enamorada, no ví todo lo que permití. Cuando tomaba él me ofendía, decía que yo era de él y que podía hacer lo que quisiera conmigo”.

Los celos entre ambos los obligó a mantener sus relaciones sentimentales con otras personas, en secreto, y la dependencia emocional, hizo que Hanna se mantuviera con él pese a los malos tratos.

“Me hacía sentir mal, cambiaba su actitud si yo estaba con alguien más, no me hablaba. Yo era muy dependiente de él, lo amaba tanto que yo pensaba que no podía vivir sin él”.

Aseguró que, en enero del 2020, Diego le jugó una broma en la cual insunuaba que había agredido de manera extrema a una mujer, situación que a Hanna la asustó e incomodó. Mientras que en uno de los encuentros sexuales, él la amarró con un cable.

El 23 de septiembre de ese mismo año, dos días después de que se reportara la joven se reunió con Diego S., quien terminó por describirle el momento en el que vio el cadáver de una mujer en la cajuela del Polo gris de Urik. Hanna sabía que sería llamada a declarar, pues, aunque no tenía conocimiento de lo que había ocurrido, sí había particidado de forma indirecta en los hechos.

Mnecionó que el amigo del vinculado, le confesó que Diego le había sugerido cortar el cadáver, pero “no alcanzaron”, fue cuando decidió ir a abandonar el cuerpo en la zona boscosa del fraccionamiento. El hacha la guardó Hanna en su casa, a petición del señalado.

La defensa de Urik intentó hacer caer a la testigo en contradicciones, así también sugirió que la joven había llegado a declarar en audiencia por presión de la FGE o por el criterio de oportunidad, que permite a la joven acceder a un acuerdo y no ser procesada por encubrimiento.

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