Las consecuencias por la deforestación y el cambio de uso de suelo son como las esperadas si juegas a la ruleta rusa. Sin embargo, existe una diferencia, la ruleta rusa le da al individuo dos opciones, vivir o morir; por su parte la deforestación y el cambio de uso de suelo solo ofrecen una opción: una cadena creciente de sufrimientos para el futuro, entre los que también está la muerte.

El avance imparable de la deforestación y el cambio de uso de suelo ha colocado a pequeñas y grandes poblaciones en una situación de vulnerabilidad climática jamás imaginada. La crónica de los pueblos comienza a registrar fenómenos nunca ocurridos que ocasionan muerte, enfermedad y pérdida de bienes.

La desaparición de la cubierta vegetal de los suelos serranos ya sea por incendio, tala intensiva y desregulada o por cambio de uso de suelo, disminuye de manera drástica el amortiguamiento de lluvias intensas y la infiltración del agua al subsuelo. Las aguas entonces se precipitan en caudal creciente hacia las tierras bajas poniendo en riesgo vidas y bienes.

En los últimos años ha crecido el número de eventos catastróficos ocasionados en poblaciones cercanas a las zonas serranas en donde se ha hecho cambio de uso de suelo o se ha abatido la cubierta vegetal. Fenómenos que lo mismo se han observado en Morelia, Uruapan, Los Reyes, Peribán, que en Etúcuaro o localidades con apenas una decena de habitantes.

Asociado al próspero negocio de los aguacates el cambio de uso de suelo solo es pensado como un medio para generar riqueza, pero nunca como el evento desencadenante de tragedias climáticas que habrán de sufrir otros. Las ganancias aguacateras son individuales los costos son siempre públicos y deben ser pagados con los recursos de la sociedad.

El 8 de agosto se precipitó una tromba en la sierra alta de la comunidad de Etúcuaro que ocasionó la crecida del río Porúas en Madero, el desbordamiento de puentes y la inundación de una parte de la población.

En la región no es una novedad una tromba o una “culebra” como suele llamarle los pobladores a este fenómeno meteorológico. Estas son regulares en ciertas temporadas de lluvias, lo novedoso es que, conforme al testimonio de las personas de mayor edad, nunca se había precipitado tal cantidad que rebasara los puentes diseñados conforme la huella histórica del rio. Tal cálculo proviene de cientos de años de experiencia y es que Etúcuaro es un poblado prehispánico.

¿Por qué la “culebra” acumuló con rapidez tanta agua en el río Porúas? —porque han tumbado los bosques allá arriba y las aguas se desbarrancan sin que nada las detenga.

Así de clara es la respuesta de los pobladores. Y es cierto, en la localidad de Angandio en donde hasta hace 10 años los bosques de pino y encino dominaban el paisaje ahora solo existen huertas aguacateras y tierras con reciente cambio de uso de suelo.

En las alturas de Santas Marías, de donde proviene otro de los ríos que engrosó el caudal, los pobladores denunciaron en esta primavera incendios premeditados, arrasamiento desde la raíz de bosques y continuo cambio de uso de suelo.

En las alturas de Villa Madero, La Presa Grande, La Pizarreña, San Pedro y Llanitos, grandes aportadores de afluentes al río Porúas, el desmonte de bosques y cambio de uso de suelo está en marcha ahora mismo.

La gravedad del fenómeno se corrobora con los mapas del inventario forestal de Madero que para 2010 ya reportaba un 35 % de tierras áridas cuando en el de 2000 todo su suelo aún tenía vegetación.

¿Quién va a pagar la infraestructura que en lo sucesivo necesitará Etúcuaro para ponerse a salvo de las crecidas que ya no pueden ser contenidas por los bosques que han ido desapareciendo? Sin duda que provendrá de los recursos públicos, los de toda la sociedad; las fortunas aguacateras son privadas sin responsabilidad ni solidaridad social y en este punto están siendo subsidiadas por los impuestos de todos.

Como Etúcuaro, la tierra de uno de los mejores mezcales, otras decenas de pueblos y rancherías en Michoacán están sufriendo las consecuencias de la ruleta rusa que algunos decidieron jugar apostando a ganar sin prever los costos ambientales para los pueblos.

El sistema de protección civil de Michoacán bien haría en dar a conocer la relación de localidades que se encuentran vulnerables a fenómenos meteorológicos agudizados por la tala ilegal, el cambio de uso de suelo y la construcción intensiva de sistemas concentradores de agua. Esto ayudará a que los gobiernos federal, estatal y municipal destinen recursos y aprueben políticas tendientes a contener y a prevenir.

El pomposamente llamado “Sistema Producto Aguacate” lleva en su ADN el impulso ludópata por la ruleta rusa ambiental. Lo increíble es que hasta ahora los gobiernos se nieguen a aplicar las leyes que al respecto ya existen.

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