El concepto de madurez emocional puede tener una diversidad de significados que llevarían una connotación según la forma de comprender la palabra y de la interpretación que se dé. Lo que para una persona es un acto inmaduro para otra puede resultar ser una simple conducta o una forma de ser sin llegar al grado de la inmadurez. Revisando varios artículos muy interesantes al respecto, me encontré con un artículo referenciado a 1939 cuando un periodista le preguntó a S. Freud ¿qué es para usted una persona sana, madura e integrada a la sociedad? El periodista en esa ansiedad de recibir una respuesta con diversas explicaciones del padre del psicoanálisis, se quedó absorto ante la respuesta “amigo mío, cualquier persona capaz de amar y trabajar” 

Quizá resulte un tanto sencillo de leer la respuesta incluso de comprender pero tiene una gran profundidad si nos ponernos a reflexionar y analizar todo lo que implica para el ser humano ser funcionalmente maduro llegando a tener esa capacidad de trabajar pero sobre todo comprender el sentido del trabajo y también el poder amar, yo siempre he dicho que no cualquiera sabe cómo amar porque lleva una serie de conductas donde debe existir un gran compromiso para lograrlo y llegar a decir “yo amo” o “yo tengo la capacidad de amar”, no limitemos este concepto solamente a la relación de pareja sino también implica esa capacidad de amar a lo que se hace, ya sea familia, amigos, trabajo, sociedad, etc. Muchas personas carecen de responsabilidad y compromiso por eso mismo resulta casi imposible que puedan mostrar una conducta de madurez. Enrique Rojas en su libro: Indicadores de la Madurez de la Personalidad menciona los siguientes indicadores de la personalidad madura: Presencia de un modelo de identidad en la formación de la personalidad. Conocimiento de uno mismo: de las aptitudes y de las limitaciones. Equilibrio psicológico: ecuación entre inteligencia y afectividad. Identidad personal: autoaceptación, «sello propio» en el estilo conductual. Disponer de un proyecto de vida.  Dicho proyecto responde a una particular filosofía de la vida y ha de poseer coherencia interna.  Metas concretas, realista y exigentes. Tener una filosofía de vida, que, dentro de la amplia variedad de ideas y creencias, debería poseer una base humanista. Naturalidad: sencillez, espontaneidad y ausencia de sofisticación. Logro de cierto autocontrol. Temporalidad sana: instalada en el presente, asumiendo el pasado y en proyección hacia el futuro.  Responsabilidad.  Reflejada en tres vertientes: grados de responsabilidad que se van adquiriendo, consecución de criterios firmes de actuación y fidelidad hacia los compromisos adquiridos. Capacidad para establecer una convivencia adecuada. Capacidad para disfrutar de la vida. Sentido del humor.  El efecto de lo cómico anula la tensión interior por contraste. Salud física como facilitadora para la consolidación de la personalidad.

Si se cumple con lo anterior te felicito eres una persona madura, ve a terapia para mantener ese equilibrio, pero si no cumples con los rasgos de una persona madura, ve a terapia quizá estás en el momento adecuado de poder redireccionar tu vida.

Contacto: psicologoarmando@yahoo.com.mx

 

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