En Morena, como en otros partidos, hace falta consolidar un proceso democrático de participación hacia adentro del partido.

A partir de que ganó la presidencia- el ahora mandatario- López Obrador, la expresión no ha madurado, del todo, un mecanismo de selección a los puestos de participación; si bien hay un instrumento- no ha logrado, hasta ahora, afianzar la democratización de la toma de decisiones.

La encuesta ha impedido, en muchos casos, fortalecer la declaración de principios de un movimiento que nació de la lucha organizada- precisamente para romper las prácticas tradicionales de la imposición de candidatos. Esa es la esencia de Morena.

El movimiento en cuanto a esa postura, ha tenido momentos en el que se ha levantado la suspicacia de que hay determinaciones unilaterales a través de las designación de candidatos a puestos de elección que, incluso, van en contra de todo pronóstico anticipado.

Hasta ahora, Morena se ha resistido o, mejor dicho, sigue conservando los instrumentos de una encuesta que, hoy en día, no ha tenido transparencia o disposición para dar claridad a los resultados. Eso deja muchas dudas, inquietudes. En todo caso, son los propios protagonistas del movimiento quienes han alzado la voz para que las reglas de participación sean nítidas y equitativas.

Eso no debe ofender a nadie.

Encontramos muchos casos que ya hemos justificado una y otra vez. Pasó hace más de tres años en la elección para jefe de la Ciudad de México. Si fuéramos objetivos y Morena hubiera definido, en aquel tiempo una determinación apegada a la lógica, entonces Claudia Sheinbaum no sería, en este instante, jefa de gobierno.

De hecho, fue el propio presidente quien tuvo que mantener la unidad para no dividir el proceso y sostener buen espíritu de cara a la elección con los demás aspirantes en aquel instante.

Eso pudo provocar una fractura. Por eso creo que, la determinación que tomó el presidente de acelerar el proceso de transición con miras al 2024, no fue una buena decisión, sobre todo por la tensión que ha provocado en medio de una lista de aspirantes que deja de lado a otros que realmente lo merecen más, máxime por la capacidad demostrada, y la lucha dirigida a favor del movimiento democrático.

Ésto no significa que los que mencionó no tengan la capacidad; claro que pueden competir, pero no sé si ganar o refrendar el arrastre, sin embargo, acotar o reducir a sólo tres presidenciables no es, por ningún ángulo, un marco transparente- ya que hay perfiles que se la han jugado- y han aportado mucho más y lo siguen haciendo hasta ahora, incluso, con más talento para enfrentar los retos.

Por esa razón, Morena y sobre todo el presidente tiene que abrir el abanico y admitir que, en esa lista de presidenciables, hacen falta perfiles que él mismo se ha negado a reconocer de manera que puedan tener las mismas condiciones de equidad en una competencia interna. No se les puede negar ese derecho, especialmente porque, dentro de la expresión, transitan fundadores y militantes del partido que tiene todo el derecho de competir sin exclusiones.

De lo que se trata es de dar claridad a un proceso; entonces, sería justo que, en el mapa de los presidenciales, hubiera más apertura a quienes han levantado la voz. Sobre todo porque, la lucha interna, debe tener equidad. Se necesita un mecanismo transparente y democrático; hay quienes pretenden luchar a la buena y no ven, hasta ahora, un piso parejo. Coincidimos con ellos ya que nos resistimos a pensar que, en Morena, se tomará una decisión desde la cúpula del poder.

Si es así, hay un grave riesgo de poder generar una crisis interna. Morena ya no puede seguir subestimando a la oposición; el contrapeso es real; ha dado muestras de que juntos pueden construir un bloque competitivo. Por esa razón, el partido guinda debe privilegiar la unidad en el seno lopezobradorista; reconocer, también, los perfiles con los que cuenta hacia adentro del movimiento.

Eso sería, sin duda, un acto de congruencia para quienes seguimos confiando en la democracia de las instituciones.

Finalmente, sí ya el presidente esbozó a tres aspirantes a la candidatura de Morena, nada le impide que nombre el perfil de Ricardo Monreal. Es un óptimo instante para realizarlo. Mientras el proceso siga en los reflectores y en la agenda pública, sería un buen gesto democrático dejar que los propios constructores del movimiento que él encabeza, luchen a la buena.

De está manera se fortalecerá la unidad en Morena en vísperas del proceso de transición del 2024. Soy también de los que piensan que ganará Morena siempre y cuando siga los principios democráticos y la esencia de un movimiento que llevó años de sacrificio construirlo.

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