Concreta una historia, define a los interlocutores, posiciona a tus personajes en antagónicos y protagónicos, por último, agrupa las coyunturas políticas y sociales. Pareciera la ecuación perfecta para aquellos que pretendan posicionarse dentro de la política en México e inferir directamente en los electores. Sin embargo, no es una tarea fácil en una nación que ha tenido que reinventarse y que afrontar cambios en la percepción mediática.

El pretexto en México para definir una democracia, es que contamos con un pluripartidismo en donde existen institutos políticos de chile, mole y pozole. Según los analistas, las organizaciones políticas cuentan con distintas visiones, perspectivas y definiciones de cómo afrontar una problemática social… nada más alejado de la realidad.

Según una encuesta realizada por Reforma en el 2020, el 76 por ciento de la población piensa que hay un alto nivel de corrupción dentro de los partidos políticos, seguido muy de cerca por las instituciones de seguridad pública con un 73 por ciento.

Los partidos políticos que se vieron afectados electoralmente en el 2018 y en el 2021, han planteado nuevas estrategias para no desaparecer del mapa y seguir recibiendo recursos año con año. El PRD, por ejemplo, cambió de piel vistiéndose de “socialdemócrata”, pero en el mapa ideológico se ubica como comparsa de la derecha desde hace algunos años.

En el PRI pasa una historia similar, un partido político que fue hegemónico por muchos años y que llegó a instaurar la dictadura perfecta en México, tal como lo definiera Vargas Llosa, pero que hoy en su última asamblea se definió como socialdemócrata, progresista e incluyente, hágame usted el favor…

Del Partido Acción Nacional ya ni hablamos, un PAN sin levadura que opone, pero no propone, y que incluso hasta busca cercanía con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sin olvidar sus principios, comenta el líder autócrata de dicho partido político; Marko Cortés Mendoza. En Michoacán, por ejemplo, es un instituto político que como la caca de perico; ni huele, ni apesta.

Movimiento Ciudadano intenta enfocar su discurso hacia una supuesta tercera vía. Lejos de los partidos políticos tradicionales y ajeno a la Cuarta Transformación. Sin embargo, han tratado de inflar a Luis Donaldo Colosio Riojas, un joven que tiene futuro, pero que debe trazar su ruta con base en el trabajo y en el esfuerzo y no a través del marketing. El partido naranja tiene un perverso plan para revivir la marca de Colosio y generar un mártir político, dirigiendo el discurso hacía las clases medias que se han sentido excluidas sexenio, tras sexenio.

Los mexicanos necesitamos de partidos políticos de puertas abiertas, que velen por los intereses populares, que protesten pero que propongan. Porque recordemos que protesta, sin propuesta, es demagogia.

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