Javier Lozano

De forma certera— tanto el Senador Ricardo Monreal— como el secretario de Gobernación, Adán Augusto, han sellado un momento histórico en el Senado de la República. Ante ello, se contempló el itinerario que en este espacio dimos a conocer en el periodo de comparecencias; en ese trayecto, tocó el turno del titular de la política interna del país quien, respetuosamente, atendió los términos que se encuentran integrados en las facultades del legislativo como un poder del estado.

En ese mecanismo de acciones, y rompiendo el paradigma tradicional para dar paso a una innovadora dinámica de comparecencias que fijaron un nuevo ejercicio a fin de potencializar el diálogo abierto entre los integrantes de la Junta de Coordinación Política, se creó un clima de participación que, en términos políticos, fue más constructivo, sobretodo, por el respeto institucional del legislativo en la toma de decisiones.

Bastó con la responsabilidad política que mostró el secretario de gobierno. Mejoró la comunicación y se integró un nuevo concepto que produjo, eso sí, un fortalecimiento de la coordinación que debe poseer tanto el poder legislativo como ejecutivo.

En esos aciertos, hay muchas coincidencias que han llevado a cumplir un papel preponderante desde el principal epicentro del Senado de la República que, dentro del proceso de transformación del país, ha sido clave en asuntos de trascendencia en la creación de un número significativo de reformas constitucionales que han destacado poderosamente a comparación del trabajo en otras legislaciones.

Y es que, a partir de la llegada de un nuevo proyecto de Nación, han surgido efectos positivos en el país. De ahí la importancia que ha ejercido el legislativo federal; prácticamente ha sido el motor de los cambios estructurales de una política pública que sentó las bases del progreso.

Al tiempo que ese curso ha signado modificaciones al marco constitucional y leyes sustanciales, ha trascendido el potencial de un bloque que, de la mano de Ricardo Monreal, ha superado prácticamente todas las propuestas y proyectos. Así, su participación es considerada hoy por hoy, un poder con suficiente competencia que, en la medida que avanza la legislatura, ha afianzado su capacidad legislativa con un cúmulo de acuerdos, iniciativas y reformas constitucionales.

En ese marco inmejorable, Ricardo Monreal ha sobresalido puntualmente en su tarea. De hecho, él mismo ha sido pieza fundamental en la creación de una nueva dinámica de comunicación que no solo permite el intercambio de ideas, sino la retroalimentación dada la capacidad que posee tanto el poder legislativo como el ejecutivo federal.

De ese modo, también, existió un intercambio que manifestó el quehacer ejecutivo en las políticas públicas del país y, que, naturalmente, repercuten directamente en la gobernabilidad y el cumplimiento de los objetivos del ejecutivo federal.

Por ello, el clima generado propició confianza y, sobre todo, motivación en base a la responsabilidad democrática que ha proyectado el ejecutivo federal a través de sus mecanismos e instituciones inherentes.

Finalmente, se observó una coordinación plena. Resaltó la disposición del secretario de gobierno y cabe destacar que, eso, será el pivote de apoyo para encontrar una agenda común entre ambos poderes. De hecho, esto se ha podido comprobar en el número importante de iniciativas que ha enviado el presidente López Obrador. Pese a que muchas han sido analizadas y discutidas en sesiones larguísimas, se ha logrado llegar a un consenso.

Gracias al oficio político que ha desarrollado Ricardo Monreal con las distintas fuerzas de oposición, y el liderazgo que ha sostenido con la fracción de Morena, el coordinador, ha consolidado la política que no solo ha favorecido al país, sino afianzó el proyecto que encabeza el presidente López Obrador con la llamada Cuarta Transformación.

De esta forma, hemos llegado a un momento histórico. El senado de la República fue testigo de una nueva etapa que mucho antes solía ser tradicional y con mucha formalidad. No obstante, el paradigma político ha superado cualquier barrera. Esto es, en términos políticos, los frutos de una democracia que tiene muy en cuenta el respeto de los poderes de la Nación.

Cabría decir que, ese nuevo concepto, ha dejado satisfechos a la población. Y, en particular, a los legisladores que constituyen la Junta de Coordinación Política que, en medio de la segunda etapa legislativa, muestra responsabilidad. Ahora bien, la asistencia del secretario de gobierno fue, en términos políticos, un avance sustancial de la democracia del país.

Y es que nunca se había podido dar este paso histórico. El marco era otro siempre. Por ello, como se ilustró ayer en el Senado de la República, el efecto selló más la coordinación a los trabajos que han cimentado, hasta el momento, una auténtica política social que ha enfocado su energía en el desarrollo y progreso del país.

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