Tuvo que pasar un largo proceso legislativo a fin de que la Consulta para enjuiciar a los expresidentes, tomará su curso al considerarse un mecanismo en el que, la sociedad, ejerce su pleno derecho a la manifestación con el propósito de tomar de decisiones en las acciones pertinentes de acuerdo al marco constitucional, al menos, así vendrá estructurada la pregunta que nos proporcionarán el día del ejercicio.

De hecho, fue la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación la que avaló el ejercicio.

Al tiempo que se acerca el día, crece la expectativa en los temas de la agenda pública. Mientras algunos la desacreditan, la inmensa mayoría está de acuerdo en salir a plasmar su voluntad de determinación en la que solo tendrás que responder “Si o No”. En este caso, el proceso será rápido y eficiente; habrá suficientes espacios conforme a la institución electoral a fin de atender la demanda popular.

Dado que las condiciones están dadas, y hay una campaña para fomentar la asistencia, la respuesta inmediata va en ascenso. De acuerdo a algunos estudios más del 80% de la población está a favor de someter a los expresidentes a juicio; a esto se le agrega que, naturalmente, el 20% está en contra. Esto significa que existirá una amplia participación que atenderá la convocatoria, dada la relevancia que adquirió.

Así que, el primero de agosto, después de emitida la determinación, las mesas receptoras comenzarán a contabilizar los votos que acudieron a participar. Debido a la gran probabilidad de que los resultados sean como todos esperamos, se abrirá un nuevo proceso de justicia para el país. Por ello, se antoja que la ciudadanía salga en grandes proporciones para dar paso a una etapa en la que se plasme el Encabronamiento como lo definió Julio Hernández el “Astillero” en su última obra periodística.

Si hoy observamos ese clima, veremos que hay condiciones apremiantes para establecer rigurosas sanciones hacia aquellos exfuncionarios del ejecutivo federal que engendraron opulencia, corrupción y desigualdad social. Creo que la sociedad entendió perfectamente el esfuerzo que hizo el mandatario para materializar esta propuesta; parecía que había una muralla, aunque, al final, el momento toma forma y fondo.

Por eso, el primero de agosto se vivirá un día histórico que quedará grabado en los anales de cronología del país. Por ello, no debemos extrañarnos ni sorprendernos de la multitud que salga a las calles a manifestar el eficaz mecanismo democrático de votar Si o No. En todo caso, hay una enorme tranquilidad de la ciudadanía que saldrá inspirada y motivada. Este ejercicio entonces, se convertirá en la piedra angular de eso que ha llamado el presidente: la voluntad del pueblo.

Justamente esa realidad es el pivote que mueve a una ciudadanía que vivió a merced de la corrupción, la desigualdad, la pobreza y la miseria que causó, posiblemente, el dispendio y la opulencia que nutrió por décadas a los gobiernos neoliberales.

Estamos a días, mientras tanto, se anticipa un éxito total que camina galopante y, que, a pulso, merece justicia. Tengo la impresión que así será. He razonado muchas veces este posible escenario, y he llegado a la conclusión en la que reina más la conciencia y la sed de justicia.

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