Rosario Robles quedó a merced de la justicia,…… y sola

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Aquella tarea comprometida y titánica de “erradicar”, o bien, disminuir los índices de pobreza y seguir impulsando un esquema de ayuda, no fueron más que la promesa estéril y soez de un gobierno totalmente fallido que regresó al poder con más hambre de corrupción y espuria. Tuvieron que pasar 12 años de alternancia en la autoridad para que el PRI retornara a uno de los sexenios en donde la sociedad civil terminó padeciendo el flagelo de aquellos fantasmas que despojaron a la población del dinero del pueblo.

Hubo complicidad, desaseo y estafas fraudulentas desde que Enrique Peña Nieto tomó posesión de la silla presidencial. Quizá, el más mediático, es la llamada Estafa Maestra— que involucró a la extitular de la Sedesol, Rosario Robles, en un esquema de triangulación de recursos del erario público— que fueron a parar a otras arcar con un desfalco millonario que ascendió a más 5 mil millones de pesos; una auténtica fortuna que bien pudo haber servido para construir escuelas, mejorar caminos y, entregar el dinero a quien necesitara.

Si nos sirve de consuelo, Rosario Robles está en la cárcel. Hace un par de días se declaró culpable del delito que se le imputó sobre el desvío del recurso, y ofreció una especie de negociación con la Fiscalía General de la República para recibir relativamente una condena corta pero que, en realidad, constituye una eternidad para la exfuncionaria Peñista.

A los que pensaban que las cosas quedarían impunes, evidentemente esto es una gran lección. Pero, ¿hasta dónde? 6 años, es poco, para la responsabilidad y el tamaño de la gravedad del problema. Rosario Robles fue la principal operadora, aunque, ¿con la complicidad de quién? Es evidente que Enrique Peña Nieto supo en todo momento; es más, pudo estar involucrado. O, actuó con la limitación que mostró siempre, o, más bien, sacrificó y pidió a Robles responsabilizarse y mostrar una dosis de lealtad.

A pesar de que Peña Nieto manifestó tranquilidad, él no dudo ni tantito en salir del país y salvar toda responsabilidad. El influyentismo no es suficiente, al menos no con López Obrador. Es cierto, está pendiente el juicio a los expresidentes que aprobó la Suprema Corte de Justicia de la Nación. ¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las probables víctimas? Así será el cuestionamiento en el momento que se pregunte a la población.

¿Pero hasta donde está el alcance de esa premisa? Varios especialistas en derecho han mencionado que la pregunta es ambigua, y puede que no llegue más allá del clima mediático. Entonces, eso no garantiza que algún día veamos en proceso judicial a algunos expresidentes. Si, los han acusado, ¿y? Todos los señalamientos han quedado allí, no creemos que vaya a pasar lo adverso. EPN sigue de luna de miel en España y parece que su estadía, ha sido tranquila.

Prometió certeza a su fiel colaboradora, Rosario Robles y no pudo ni meter las manos por ella. Y lo peor de todo, ya se declaró culpable. Si alguna vez hubo prestigio, se cayó. Han aceptado que defraudaron a México, pero, ¿y todos los demás? Muchos influyeron y ¿qué? No ha pasado más que banalidad. Todo continuó como si nada; lo que sucedió fue un acto peyorativo con el recurso del pueblo. Lo más sagrado y la esperanza de millones de mexicanos que, al final de todo, siempre aguantan la ignominia y el desagravio cuando hay procesos electorales porque a veces la necesidad es inmensa.

Mientras tanto, aguanta, Rosario, no te preocupes, en alguna ocasión mostró EPN el discurso de un político que, durante su sexenio, pasó de todo en temas de corrupción, clientelismo y fraudes monumentales.

Gatopardismo, esa es la concepción clave.

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