El Gobierno de Francia ha ampliado a 38 nuevos departamentos y a la Polinesia el toque de queda impuesto inicialmente para París y otras ciudades, de tal forma que ya serán 46 millones los ciudadanos, más de dos tercios de la población, quienes verán limitada su movilidad nocturna para contener una expansión del coronavirus (COVID-19) que el propio primer ministro, Jean Castex, ha calificado como ‘grave’.

“La situación es grave”, ha admitido Castex, al aludir a una progresión “rápida y muy preocupante” de los contagios. “A las nueve, todos deberán estar en casa”, dijo el primer ministro, que ha confirmado que las nuevas restricciones entrarán en vigor el viernes a medianoche y permanecerán durante un periodo inicial de seis semanas.

Castex, que ha asegurado que la tasa de incidencia ha aumentado hasta alcanzar los 251 casos por cada 100 mil habitantes a nivel general, ha explicado que el toque de queda afectará a regiones donde el virus no se ha extendido aún tanto como en otras, pero ha defendido la necesidad de actuar de forma ‘preventiva’.

“El mes de noviembre será complicado”, ha reconocido, anticipando unas semanas “duras” en las que uno de los objetivos de las autoridades será reducir la tasa de ocupación de camas en hospitales, que “ha superado la barrera del 44 por ciento”.

El ministro de Sanidad, Olivier Véran, ha apuntado que se diagnostican más de mil casos de COVID-19 cada hora en Francia.

Véran, no obstante, espera que a principios de la próxima semana puedan empezar a verse “algunas señales de mejora” de los datos, efecto de las medidas adoptadas por el Gobierno en estas últimas semanas, según medios locales. El presidente galo, Emmanuel Macron, decretó a mediados de mes el estado de emergencia para tratar de contener esta segunda ola de contagios.

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