Este año los campos no se llenaron del naranja chillón, tampoco de ese aroma que llegaba hasta tus pulmones al caminar entre el lodo y las “veinte flores” como también se le conoce a la flor de Cempasúchil, tampoco el contraste del morado, menos la sutileza y ternura palidez de la nube, en su lugar, las hortalizas se asomaban de entre lo surcos.

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La pandemia del SARS-CoV2 alcanzó a los productores de esta flor, utilizada por miles de mexicanos durante el Día de Muertos para guiar a las almas que nos visitan hasta nuestros hogares y panteones, además de la colorida decoración de estas fechas.

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En su lugar, productores del municipio de Tarimbaro y la comunidad de “El Colegio” -caracterizados por la siembra de las flores utilizadas para la noche de ánimas- decidieron sustituirlas por maíz, lechuga, coliflor, cebolla, entre otras verduras para asegurarse de no verse perjudicados ya que por media hectárea invierten cerca de 40 mil pesos.

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