La delirante lucha por Michoacán

La opinión de Julio Santoyo ✍🏻

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En el horizonte político de Michoacán se están perfilando las siluetas de quienes aspiran a gobernar al estado. Son siluetas dominadas por la ansiedad que da la incertidumbre de llegar a no ser.  A pesar de lo que algunos quisieran, la dura realidad es que nada puede anticiparse para nadie, la condición líquida de la realidad es atroz, lo que hoy está amarrado mañana no lo estará y esto es válido para partidos fuertes y débiles. Y es que a contrapelo del tiempo político los aspirante ya proclaman victoria mientras los partidos aún no tienen candidatos formales. Esta visión invertida del tiempo representa un conjuro ritual para domar la incertidumbre sobre los escenarios futuros. Sin embargo, puede ocurrir que los derrotados del futuro sean los victoriosos del presentes o a la inversa.

Esta, parece ser la tendencia, será la contienda en que los triunfadores existan antes de que haya candidatos y antes de que los ciudadanos emitan su voto, antes de que inicien formalmente las campañas y antes de que un tramo denso y complejo de la realidad se despliegue en los próximos ocho meses. Está ocurriendo que diversas casas encuestadoras, que emergen como los hongos en el verano, ya dan por ganador a uno y a otro. Lo curioso es que los números brincan tanto que conforme favorecen a uno, en el mismo tiempo enaltecen a otro. Es delirante la guerra de encuestas como delirantes y caprichosos los métodos para interpretar la realidad.

Podría ser divertido el juego de la guerra de encuestas si no fuera porque desborda los criterios éticos con los que se deben conducir los actores políticos a la hora de construir opinión pública. Escenarios semejantes se desarrollaron en la década de los 90 del siglo pasado, en los albores de la democratización de los procesos electorales, en aquellos días la entonces oposición denunciaba con denuedo el carácter abusivo y manipulador de estos albazos electorales que moldeaban la opinión pública para justificar imposiciones.

Sorprende la ausencia del árbitro electoral para regular y sancionar estas manifestaciones proselitistas. Da la impresión de que no existieran leyes que deban aplicarse para garantizar un piso parejo a todos. A la guerra de encuestas le acompaña, desde hace meses, la propaganda abierta con espectaculares y reparto de dádivas en barrios, rancherías, pueblos y entre agrupaciones sociales. El órgano electoral padece de ceguera y mudez.

La campaña por la gubernatura de Michoacán empezó desde hace meses al margen de la ley. Esto que puede ser anecdótico y justificable desde la dinámica salvaje del poder, por aquello de que el fin justifica los medios, sin embargo, puede traducirse en un conflicto de desavenencias electorales que podría enturbiar la legitimidad de los resultados de la elección del 6 de junio del 21 y meter a los michoacanos en un conflicto que nadie desea. Los protagonistas de la campaña anticipada debieran, con responsabilidad y prudencia, replantear la ruta y la estrategia para incidir en la percepción ciudadana. El apego a la legalidad es el único vínculo que garantiza la paz entre contendientes y electores.

Pero del camino que está tomando la desesperada campaña por Michoacán, deben destacarse algunos elementos presentes, que con seguridad marcarán todo el proceso. Por ejemplo, la carencia de proyectos políticos específicos para Michoacán, que por su singularidad y diferenciación, queden expuestos a los ojos de los ciudadanos como alternativas claras para tomar una decisión. Los discursos que hasta ahora se conocen son redundantes apologías de los generalizadores discursos nacionales, como si la realidad estatal no fuera tan evidente como para constituirse en referencia de propuestas congruentes y concretas. Las cuestiones singulares de la salud, la economía, el campo, la transparencia, la educación, la cultura, los ingresos y el gasto estatales, la seguridad, la justicia, las comunicaciones, la migración, el medio ambiente, el estado de la democracia, el desempleo, etc., no han sido alumbradas con reflexiones y propuestas. Preocupa este vacío brutal que puede llevar a una campaña centrada en la descalificación y el odio. Y podría decirse que aún no es la campaña formal para hacerlo, y tendría sentido la observación, pero ¿entonces cómo es que se pretenden ya ganadores de la gubernatura sin antes haber persuadido a los electores con sus propuestas?

Para nuestra desgracia son los vicios antes que las virtudes de nuestros políticos los que terminan imponiéndose con mayor regularidad ocasionando costos que todos debemos pagar. Michoacán no se merece un horizonte así. La historia abunda en ejemplos que resultan repugnantes y que deberían tener una utilidad: ser el referente de lo que no debiera repetirse. Es decir, no debiera repetirse la omisión de la ley y la prevalencia del cinismo electorero; no debiera repetirse la manipulación de los electores haciéndoles creer que la decisión ya se anticipó; no debiera repetirse la demagogia fundada en el simplismo y el odio para buscar simpatías; no debiera repetirse la vaciedad de contenidos frente a la problemática estatal que justo necesita de claridad y capacidades; no debiera incentivarse la confrontación entre michoacanos porque la unidad es indispensable para el crecimiento de la entidad; no debiera repetirse la promoción de la mediocridad como virtud para gobernar.

Michoacán necesita ideas, proyectos, alternativas y propuestas de políticos capaces y congruentes; necesita de espacios en los que se ejerzan los valores democráticos para reflexionar sobre Michoacán y criticar las maneras en cómo se ejerce el poder. La delirante ruta que hasta ahora está en marcha no promete ninguna de estas sustancias. Sólo es garantía de que los medios están justificados para el fin buscado: la gubernatura. Es el delirio por el poder a toda costa. Es la ausencia de la ética en el ejercicio de la política. ¡Lamentable! Sin embargo, los protagonistas tienen la palabra y la acción para modificar este escenario. De cómo asuman esta responsabilidad dependerá la calidad del proceso electoral, la calidad del gobierno que se elija y el destino sexenal de nuestro estado.

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