Javier Lozano

Estos días circuló rápidamente el expediente completo de la denuncia de Lozoya, exdirector de PEMEX: pieza clave y fundamental en la operación de sobornos para empujar la reforma energética. El manual de relatos era extenso. Las crónicas de Emilio desnudaron a una clase política repleta de corrupción; de hecho, esa misma narrativa ratificó varios nombres que, en algunas columnas, se habían mencionado. Entre los más influyentes se citaron a Felipe Calderón, Carlos Salinas de Gortari, Enrique Peña Nieto; asimismo, exlegisladores como Ricardo Anaya que, en repetidas ocasiones ha sido señalado por esquemas similares.

Otro asunto importante que se esbozó, son las grandes cantidades de dinero que se entregó. De hecho, el mismo Emilio Lozoya, acuñó una concepción que denominó: chantaje y extorsión. Claro, se requiere probar. Una evidencia nítida es el video que circuló hace un par de día; fueron operadores del PAN; está clarísimo la red de corrupción que se tejió. Falta aportar pruebas, es un hecho. Seguramente la Fiscalía General de la República tiene más elementos. Se filtraran en su momento. Se habla de 12 grabaciones en las que se demostró la podredumbre y el lastre que ha envenenado a México por décadas.

Para contrarrestar el PAN se dice víctima de una estrategia desde Palacio Nacional por el proceso electoral y la “verdadera oposición” — dicen ellos, representa en estos momentos. Asimismo, se desmarcan de todo acto de corrupción. Pero, ¿le creemos al PAN? Seguramente la inmensa mayoría no. Ante los ojos de todos se ratificó lo que por años se señaló. El priismo y el panismo actuaban en contubernio; esa mancuerna hoy en día es carente de crédito y confianza. Eso se plasmó en el 2018 cuando el hartazgo generalizado salió a manifestar su repudio a la derecha. A partir de entonces, están desinflados. No tiene referentes de peso. Buscan cualquier fabricación a fin de tener injerencia; su principal agenda política se basa en los ataques. Tienen un presidente Nacional blandengue, sin elocuencia ni capacidad de convocatoria.

Si en 2018 fueron arrollados, en 2021 serán sepultados. No hay por dónde. El caso Lozoya enterró toda mínima posibilidad, si es que existió. Fue una utopía el BOA. Un sueño o un mecanismo de sobrevivencia. Las coincidencias que dicen poseer, no son más que las huellas del simplismo. La única propuesta “real” se publicó a través de un sondeo según el periódico Reforma es Ricardo Anaya. Eso, de entrada, fue un disparate. Desde hace tiempo el Queretano entró al paredón de los acusados en acciones serias que lo apuntan en actos deshonestos; esa crisis lo situó nuevamente el guion estelar de la narrativa de Emilio Lozoya, como protagonista principal. Es la segunda vez que esta envuelto en una situación de esa naturaleza, en esta fase, es gravísimo porque apuntó directamente.

Ante ello, el mismo Anaya advirtió que denunciará. Es lógico. Sin embargo, el rechazo crecerá. La sociedad evalúa esas situaciones y juzga. Sera imposible levantarse de esta situación. El PAN lo la tiene fácil; yo diría que se metió a un laberinto sin salida, y a un agujero profundo del que difícilmente saldrá. En estos momentos, el panismo se hace la “vistima” —dirían. El resultado de todas estas acciones lo repetimos en alguna ocasión: impactará directamente en la decisión del 2021, donde morena se encaminó a conquistar la mayoría del congreso federal y más de 13 estados que estarán en disputa.

Ni el BOA levanta esto. Falta más. El desenlace será devastador para PAN; eso lo pronosticó un bloque de especialistas y politólogos serios. Asimismo, la lógica que anticipa que lo peor está por venir para el panismo.

El PAN en la lona; sin liderazgos y con loza de corrupción se hunde. Y esa coyuntura, abrió más la puerta a morena a triunfar y fortalecer el proyecto de la 4T. No hay duda.

En el caso de Michoacán, hace un par de días circulo el estudio de agosto de la empresa Massive Caller a la gubernatura; en ella, pudimos observar que, tanto PAN como PRI, están técnicamente estancados. Y, con este precedente de corrupción, caerá a un agujero donde ya los acompañan priistas y perredistas.

Si, efectivamente, los panistas son la segunda fuerza, sin embargo, la ventaja que posee morena es de 20 puntos de diferencia: un trecho monumental e inalcanzable. Ahora, el PRI con 10% y la pobreza numérica del Sol Azteca le alcanzó a 4.5%. Hay una diferencia exorbitante que es imposible de revertir, incluso, ante la desgracia que consumaran con el patrón de alianzas. Sin contar que, la única estructura que tiene el perredismo es el propio gobierno del Estado; se quedarán solos una vez que pacten con el Revolucionario Institucional: la traición más alta que enterrará sus estatutos con el único fin se sobrevivir.

¡Que afrenta!

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