La obra de Edmundo Peimbert

No obstante, parece que la certeza futbolera arribó nuevamente

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Hace un par de días parecía inexpugnable regresar lo que durante décadas significó el futbol profesional en la capital del Estado de Michoacán. De hecho, esa enorme exacerbación que sentimos millones de michoacanos que desde pequeños tuvimos una identidad por los colores de nuestro equipo, el Atlético Morelia, fue grandísima en el instante que conocimos la noticia de que partiría a Sinaloa por decisión de Ricardo Salinas. Quizá, eso, fue un golpe bastante duro porque el espectáculo futbolero llegó a representar un espacio de esparcimiento familiar donde la convivencia era amena; a través de una reflexión personal, sentí con una mayúscula tristeza la dosis de cariño que retomó el día que observé al monumental estadio transmitir ese vacío que producía la algarabía y la efervescencia que palpitó nuestros corazones por años.

Desde el seno familiar tuvimos una grande pasión por los colores del Atlético Morelia; ese legado, ocurrió en el momento que toqué por primera instante el campo Venustiano Carranza, que durante una fase fue el principal epicentro de celebración cuando llegamos al máximo circuito. Incluso, vivimos momentos de gloria; es posible, que, eso, recobrará cierto simbolismo en mi ser. Asimismo, las crónicas históricas del maestro Arturo Herrera Cornejo, hicieron revivir el significado que posee para una ciudad tan importante como la nuestra.

No obstante, parece que la certeza futbolera arribó nuevamente. Ayer mismo, algunos medios locales anunciaron que Morelia tendría una vez más equipo de futbol con un esquema a corto plazo; esa impresión, llegó sujeta de una emoción porque triunfó la esperanzadora idea de no dejar morir al histórico Estadio Morelos. Se abrió una nueva etapa para cambiar las cosas; hubiera sido una lástima que el complejo deportivo que albergó por años el hogar donde el entusiasmo invadía a miles de espectadores. Ese símbolo de infraestructura tuvo su génesis en el punto en que el arquitecto Edmundo Peimbert, presentó un ambicioso proyecto que llegó a convertirse en la casa oficial del Morelia.

Quizá, el golpe duro de contemplar partir a Monarcas— me hizo comprender su universo histórico más allá de la pasión deportiva. Esa, donde los grandes héroes hacen cambiar las cosas por su conocimiento. Por ello, descubrí el instrumento cronológico que relató paso a paso la elaboración de la innovadora obra que sería el inmueble de nuestro emblema. De eso, precisamente me di a la tarea de buscar las crónicas para explicar el cómo se fusionó el hito de un momento que descubrió alegrías, tristezas, emociones, relatos, goles monumentales y campeonatos. Sin embargo, me encontré en el periodo que recolecté la información, con las memorias de Edmundo Peimbert, el hombre que había hecho posible el epicentro que conquisto pasiones en la creación del monumental estadio José María Morelos.

Los sentimientos afloraron por una ruta de afección y nostalgia el día que leí “Caminando por la vida”: una narrativa que habría de ponderar muchísimo porque en términos humanitarios, constituyó un manual de superación al realizar un viaje al pasado de uno de los relatos que a diferencia de los demás, tiene un punto especial— ya que recapituló la sinopsis de supervivencia que en alguna etapa padecemos; al estudiar esos fragmentos, sin duda desbordó doblemente en conocer a fondo al pionero, al hombre que hizo posible la construcción en el que por ratos vivimos momentos donde el corazón latió a mil por hora.

Quienes creemos siempre en los capítulos que poseen un grado mayúsculo de conocimiento y experiencias, les tocaría leer “Caminando por la vida”. Lo trascendental de esto, radicó en la capacidad de un ser humano que tiene atributos especiales y sobre todo, una sensibilidad humanitaria que nació de la filantropía de un actor que apoya las causas de los más necesitados. Es posible que, eso, tuviera una vinculación con la inquietud de adentrarnos a la vida íntima de Edmundo Peimbert: el hombre que hizo plausible el principal epicentro que albergará nuevamente al Atlético Morelia; sin dejar de lado, que hoy por hoy es un protagonista de las necesidades nobles y empáticas con la ciudadanía. Esa personalidad me inspiró a manufacturar estos fragmentos porque sobresale la combinación de razones poderosas: quiero descubrir de regreso los colores de futbol a mi cuidad; pero también, resaltó la relación que tienen los actores para fortalecer las áreas en las que se ocupa ayuda.

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