Javier Lozano

Es posible que el título de nuestra columna— sea una percepción que cristalizó todo una avalancha social que ha demostrado que esta de lado de la cuarta transformación bajo el timón de Andrés Manuel López Obrador. Lo que si podemos palpar, es la ansiedad, el poco tacto político, y la ineficiencia de una cofradía sombría. De hecho, la semana pasada sosteníamos que tan solo en el país, Morena ganaría la mayoría de estado y distritos que estarán en disputa según los estudios de evaluación que han retroalimentado esta concepción.

Pero ¿Y la oposición?

Nada inaudito, ni mucho menos enigmático. PAN Y PRD, compartirán escenario político en 2021. Sí, su asociación se ha ido gestando ante la escasez y la incapacidad de formar una oposición sólida; la trama de esta historia va ligada a la inoperancia como un contrapeso suficientemente capaz de elaborar un programa que fortalezca las políticas públicas, y los temas trascendentales de la agenda nacional. Prácticamente, han pasado de ser tres estructuras sólidas que han destrozado lo manuales reformistas sujetos a la génesis de cada institución por su capacidad destructiva y su relación bipolar.

Ante la ascendente crisis que los agobia, Marko Cortés anunció que irá nuevamente por una negociación a fin de contrarrestar el gran dominio que posee la cuarta transformación en el país. El principal reto, será apoderarse de la mayoría de espacios en el Congreso Federal; lo mismo, ser altamente competitivos en algunos Estados en el que numéricamente Morena arrasará porque la desconfianza y la credibilidad— son la mezcla de dos elementos carentes en las instituciones del PAN y MC. Del PRD, no podemos fundamentar una fuerza nítida; simplemente, su fragilidad pasa desapercibida ya que son inexistentes aunque se resistan a sobrevivir— sus limitaciones no son suficientes para ofrecer un nivel poderoso.

Basta recordar como descarriló un padrón inflado de más de 5 millones de militantes, a solo, 2 millones que obtuvieron en las elecciones del 2018. Evidentemente, el “Frente por México” trajo como consecuencia eso: un proyecto acrítico que restó fuerza desde su lanzamiento, y se convirtió en un experimento fallido por la ambición desmedida de Ricardo Anaya, quien desquebrajó medio PAN; quitó a Margarita Zavala; y sepultó al PRD por su traición a los principios de su génesis.

Ahora, Marko Cortes, y todos aquellos que promueven una coalición para el 2021, han recurrido a una práctica desesperada que emuló el sueño de llegar al gobierno en 2018, con una inmensa mayoría que legitimara al mandatario entrante. Pero, si de algo hemos estado seguros, es que este tema se convertirá de poca importancia— porque políticamente, era inexorable la aparición de un bloque de detractores que tiene como objetivo: arrebatar el poder a su principal enemigo, el presidente Andrés Manuel López Obrador. Su anuncio de aliarse por la misma ruta de la derecha, mermará profundamente, ya que de nada servirá considerando que el autoengaño de levantar una alianza que pulverizara al ascenso de ALMO, lleva nuevamente una ideología variopinta sin pies, ni cabeza.

Pero el BOA tratará de imponer a través del chantaje y el dedazo a los perfiles en los diferentes distritos; asimismo, de las gubernaturas en las que Morena expandirá su predominante retaguardia bajo en referente de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, PAN, PRD y MC, caerán en la tentación voraz del poder. Y, en la búsqueda desesperada, pasará un fenómeno similar: Morena ampliará su margen tal y como paso en el histórico momento en el que la oposición se pulverizaba por los espacios y las candidaturas ante las imposiciones, chantajes, jaloneos y las reparticiones clientelares.

Morena ha ganado arraigo en todos los estados en los que habrá transición de poder legislativo. Junto a esa premisa, se ratificó la expresión y la influencia de liderazgo de López Obrador. Según la percepción y el criterio metodológico de SRS Y OPMI a través de SDPnoticias preguntó, si hoy fueran las elecciones de revocación de mandato ¿cómo votaría usted? El 60.1% manifestó su respaldo al presidente; en términos políticos, la estimación porcentual que posee el mandatario es altísima. AMLO triunfaría aunque se formara el BOA; basándonos en esos parámetros, la ventaja que alimenta a Morena es inmensa por la marca que llevó al ejecutivo a Palacio Nacional.

Seguramente muchos especialistas, y las mismas dirigencias nacionales de los partidos trataran de permear en la concepción de coalición bajo una narrativa contaminada que atizará sin miramientos a López Obrador y la 4 T. Es cierto, quizá 3 o 4 estructuras en teoría generan impacto; sin embargo en los hechos, el único que figuró con poca incidencia ha sido el PAN; el PRD quedó en la lona; MC tiene su mayor presencia en Jalisco y nada más. Frente a esta situación, los panistas bajo esa intención, buscan reunir un gran bloque emergente; no obstante, esa convergencia lejos de ser una alternativa, será una decepción. Y, si le sumamos, que, todos carecen de un liderazgo, al igual, de un programa integral como oposición para al menos concretar sombra al éxodo de Andrés Manuel.

Notas finales: en menos de 24 horas varió la creación de una alianza similar al 2018. Movimiento Ciudadano decidió mediante un comunicado que, el lanzamiento de un bloque, no está en los planes de ese partido político. Más tardó Marko Cortés, sin embargo, MC predijo que el momento de ruptura era inminente. Parece que Dante Delgado analizó que es mejor ir solos que mal acompañados, y viajó aquella fática coalición de Por México al Frente: una desgracia que dejó al PRD en el cascaron. Ahora, Morena se perfila a ganar con un margen abrumador, con una imagen que se multiplicó por todo el territorio a través del rostro histórico de Cristóbal Arias Solís, por razones de justicia y capacidad política.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.