Misiva a Ricardo Salinas Pliego

El futbol de primera división en la capital del Estado de Michoacán, era el punto de reunión de muchas familias

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Sr. Salinas pliego:

Quizá, para algunos empresarios, represente una operación económica redituable vender una franquicia de primera división del futbol Mexicano. Pero, para otros, es más que un espectáculo deportivo cuya tradición se convirtió en una cultura adoptada a partir que el Atlético Morelia, ingresó a la cúspide del circuito; muchos descubrimos una pasión futbolera desde que el equipo llevó al máximo clímax, batallas donde los jugadores portaban con orgullo la camiseta de los canarios. Por ello, señor Ricardo, recordamos aquel histórico epicentro del estadio Venustiano Carranza, que fue testigo de una incesante lucha por permanecer en el privilegiado esquema en el que compiten equipos históricos como Cruz Azul, Necaxa, Guadalajara y Atlas.

El sábado, los morelianos no podíamos dar crédito a la noticia que comenzó a circular en los medios locales y nacionales: “Morelia cambiará de sede a la ciudad de Mazatlán, Sinaloa”. No podemos negarle señor Ricardo, que, la dimensión que circuló, causó un estupor enorme. Estamos de acuerdo que el plantel, ha pasado por épocas dificilísimas, inclusive, etapas económicas muy duras; sin embargo, en la fase que su empresa adquirió los derechos del club, los michoacanos encontramos una plataforma sólida para resarcir momentos donde la adrenalina, era parte inherente de la efervescencia de los domingos tradicionales en el que, por instantes, nos ilusionábamos al rescatar un empate. Ahí, ustedes, hicieron posible amalgamar un equipo competitivo en el que desfiló Marco Antonio el “Fantasma Figueroa”, Olaf Heredia, y otros históricos que, incluso, fueron la columna vertebral de los canarios del Morelia.

Aquí, Señor Salinas, —fuimos espectadores de periodos de gloria en el tiempo en que la plantilla, conquistó su primer título de primera— de la mano de su capitán: Ángel David Comizzo y Darío Franco. También, vivimos momentos de angustia y tristeza cuando acudimos apreciar varias finales en la que los rivales fueron superiores. Supimos que la identidad del futbol es así: a veces se gana, y otras no. Pero, aquí, —Licenciado Ricardo, resaltó la afinidad y el arraigo que, por muchos años, reafirmó el amor al Atlético Morelia; hoy, cada uno de esos recuerdos, invade el desconsuelo de solo pensar que nunca tendremos un equipo de primera división. Entiendo, que, en ocasiones, su perspectiva se enfoque al consumo, y a la rentabilidad que conlleva una institución deportiva de esa envergadura.

A través de la voz de muchos morelianos y michoacanos que, inclusive, salieron a marchar en medio de un clima de emergencia sanitario, mostrando lo que constituye en términos de sentimiento y pasión, el cariño por el equipo de nuestra ciudad. Por ello, licenciado Salinas Pliego, —lo que pretenden fraguar, es un acto que exacerbará por décadas a toda una afición que desbordaba y abarrotaba el histórico escenario del “José María Morelos y Pavón”, que por años, fue el marco que distinguió y aglutinó momentos imborrables; asimismo, la rentabilidad de aquellos partidos en la Unión Americana en el que hay millones de paisanos. Ante esta situación de irritación y molestia, —le comento que el futbol de primera división en la capital del Estado de Michoacán, era el punto de reunión de muchas familias que encontraron un clima de esparcimiento y distracción quizá, frente a la desatención del gobierno Estatal, que mostró desde hace décadas una indiferencia por el territorio y sus principales problemas.

Finalmente, no olvide, —que Morelia en términos futbolísticos, constituye una plaza futbolera no solo por su ubicación geográfica, sino, porque de ahí se sostienen muchas familias que por razones obvias, perderán un ingreso por el patrón laboran que significó; al igual, distintos establecimientos, restaurantes, cafeterías y transporte público que verán mermadas sus ganancias. De por sí, el efecto de coronavirus— desató una incertidumbre en muchos ciudadanos que, en gran medida, vieron debilitados sus egresos.

Por ello, reconsidere Sr. Ricardo Salinas Pliego, que, Monarcas Morelia, es una alternativa futbolera y un punto de encuentro familiar de socialización, donde, incluso, su misma intensidad y las narraciones de Luis García y Christian Martinoli, nos hacían vibrar de júbilo por la descripción particular de una narrativa divertida descrita, con un peculiar acento de rizas y ánimo. —Créame señor Salinas, Morelia, no será la misma; habrá un vacío al no presenciar; asimismo, sobreponernos de este trago amargo, nos llevará muchísimo tiempo.

El Monarcas Morelia, dejará de ser un motor de inspiración futbolística; también, la madeja que alimentaba la esperanza de cientos de familias que directa o indirectamente dependían del club. Lo mismo pasará, con la remembranza de muchas crónicas y hechos anecdotarios que quedaran gravados en la memoria histórica de los morelianos. Yo, en lo personal, recuerdo a mi tío Héctor Lozano Solís: un profesor de educación física que viajaba de la ciudad de Apatzingán, para observar jugar al Atlético Morelia; esa memoria, quedó grabado, porque desde pequeño lo acompañe antes de que fallecería a muchos encuentros en el mítico estadio Morelos.

No olvide, que la afición Moreliana, siempre fue fiel acompañante, inclusive, en la fase más dura del descenso, en el que Morelia, vivió inmensos capítulos de adrenalina. El último, cuando el peruano Raúl Ruidíaz salvó al equipo en los instantes finales contra rallados de Monterrey. Piense en más de 30 años de historia. Por cierto, Nicandro Ortiz, que murió hace varios años, manufacturó durante muchas temporadas de la mano del legendario Antonio la “Tota” Carbajal, un equipo con muchas limitantes, pero con un corazón que retumbó el domingo tradicional de medio día.

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