Algo anda mal

La opini√≥n de Julio Santoyo ‚úćūüŹĽ

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Al paso de los meses y de las decisiones de pol√≠tica p√ļblica del gobierno federal, la mayor√≠a de ellas con consecuencias preocupantes y poco eficientes, solamente nos encontramos con un estado de √°nimo, muy pocas veces con la prudencia de la raz√≥n.

Lo que vemos se explica, y es que la descomposición a la que habían conducido al país los gobiernos previos, motivaba un estado de inconformidad agudo entre los mexicanos. Sin embargo, el terrible malestar no tomó el camino de las razones políticas y de los argumentos sensatos, o porque no los había o porque quienes los podían representar también eran rostros impresentables, o bien porque el cansancio social era caldo de cultivo para opciones que representaran la emoción.

As√≠ que el asalto al para√≠so en un s√≥lo brinco y sin escalas si la mayor√≠a lo quer√≠a y lo cre√≠a era una posibilidad al alcance. Entonces las m√°s hermosas fantas√≠as pol√≠ticas se edificaron bajo este supuesto: el fin de la inseguridad desde el primer d√≠a de gobierno y sin militarizaci√≥n; un sistema de salud como el de los pa√≠ses n√≥rdicos; una econom√≠a creciendo al 4 %; empleo y bien pagado para todos; preservaci√≥n del medio ambiente y energ√≠as limpias; redistribuci√≥n generosa de la riqueza con el fin de la corrupci√≥n; fin de las adjudicaciones directas; c√°rcel a los corruptos; trato humanitario a los migrantes y cero criminalizaci√≥n; pacifismo a ultranza: abrazos y no balazos frente al crimen, y muchas m√°s que son del conocimiento p√ļblico.

Para el coraje y la desesperanza social el paradisiaco sue√Īo era leg√≠timo, gratificante y en gran medida lo sigue siendo. Era leg√≠timo so√Īar, y qu√© si fuera aquello una locura, m√°s val√≠a la locura para romper con un presente repudiado que urg√≠a dejar en el pasado para vivir mejor. Lo que no se quiso ver y se sigue desde√Īando, a pesar de los hechos, ¬†es que las realidades no se vencen s√≥lo con estados de √°nimo. Si no hay un an√°lisis acucioso de la compleja realidad los programas construidos desde las emociones se desmoronan ante los hechos. Por eso, por la falta de estudio y an√°lisis, el gobierno federal ha dado virajes tan radicales y opuestos al prop√≥sito original: ha militarizado su estrategia para combatir a la delincuencia; ha entregado al gobierno estadounidense tramos de soberan√≠a para combatir la migraci√≥n centroamericana sepultando su prop√≥sito inicial; ha precarizado el sistema de salud p√ļblica recortando recursos y coloc√°ndose a√Īos luz del sistema de salud de las naciones n√≥rdicas; ha despedido decenas de miles de trabajadores federales con el argumento de la austeridad republicana y al hacerlo ha debilitado la operaci√≥n de las instituciones acrecentando el desempleo; ha cercenado, m√°s all√° de la l√≥gica de las pol√≠ticas mundiales de impulso progresivo a la ciencia y la tecnolog√≠a, el presupuesto del Conacyt, faltando a su compromiso con la comunidad cient√≠fica del pa√≠s; como nunca ha achicado los recursos para la cultura teniendo que dedicarse afanosamente a cancelar programas, festivales, cert√°menes, presentaciones, etc√©tera, desoyendo el clamor bien razonado de los actores vitales de la creaci√≥n cultural mexicana; en fin, ha recortado universalmente los presupuestos precarizando a las instituciones y coloc√°ndolas al borde del colapso con graves consecuencias para todos; ha ido contra los empresarios, aduciendo lo ofrecido en campa√Īa, para retractarse despu√©s para corregir al mal desempe√Īo econ√≥mico del pa√≠s ocasionado por la p√©rdida de confianza y la ca√≠da de la inversi√≥n generando perplejidad y reclamo que trata de ser esquivado con un agresivo programa de publicidad sustentado en la post verdad. Como no lo hizo ning√ļn gobierno neoliberal ha decidido de manera unilateral fijar los incrementos salariales por debajo de la inflaci√≥n anual, negando el compromiso de recuperar el poder adquisitivo perdido durante d√©cadas de neoliberalismo. Est√°bamos mal, ahora no estamos mejor, esa es la verdad. Es muy singular la caracter√≠stica de nuestro gobierno, se proclama de izquierda con medidas econ√≥micas neoliberales, con pol√≠ticas conservadoras en materia de migraci√≥n y derechos humanos y con vocaci√≥n populista en materia de programas asistenciales.

A la sociedad mexicana nos sigue faltando la articulaci√≥n entre coraje, pol√≠tica y raz√≥n. El coraje debiera transformarse en creaci√≥n pol√≠tica inteligente con el uso de la raz√≥n y la teor√≠a, pues tom√°ndolo como origen y fin su resultado s√≥lo ser√° la belicosidad. El coraje por s√≠ mismo jam√°s podr√° constituirse en programa viable para la transformaci√≥n, siempre conducir√° a la lapidaci√≥n de lo diferente y al fracaso por la ineficacia de los actos de gobierno. Prueba de ello es el debate pseudo pol√≠tico que se induce en las redes sociales en donde los “argumentos” est√°n hechos con adjetivos, insultos y mentiras que s√≥lo alimentan el odio y la divisi√≥n, mientras como si se tratara de un ataque de esquizofrenia se llama a la unidad nacional.

Este estado permanente de odio hacia lo otro, si no se frena, terminar√° sepultando al pa√≠s. En ello tienen responsabilidad los protagonistas pol√≠ticos, centralmente aquellos que ejercen el gobierno y que desde su poder motivan e incitan a la confrontaci√≥n. No podemos seguir supeditados al √°nimo, los gobernantes deben entender, antes que sea demasiado tarde, que el coraje que motiv√≥ la elecci√≥n del 1 de julio debe ser transformado en pol√≠ticas p√ļblicas que den resultados para todos los mexicanos. Si se quedan con el solo coraje destruir√°n, necesitan entonces la transformaci√≥n civilizatoria de ese impulso para expresarlo en mejores instituciones, mejores leyes, mejor convivencia social, mejor calidad de vida y creativa unidad nacional. Coraje para construir, no para destruir, de eso se trata la pol√≠tica, que no es otra cosa que el bien com√ļn. Si no es as√≠ algo anda mal.

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