En la Meseta Purépecha, de Michoacán, se produce el 75 por ciento del aguacate de ese estado y el 65 por ciento de todo el país. Ante la ausencia de una regulación efectiva para delimitar las áreas de conservación forestal, así como de alternativas reales y competitivas para el buen manejo de los recursos forestales, el cultivo de aguacate sigue creciendo de manera desmedida sobre los bosques.

A pesar de que existen múltiples factores que propician la deforestación, como la tala clandestina y los incendios forestales, el fenómeno de cambio de uso de suelo impera para el uso de la agricultura e incluso de la ganadería.

Fotografía 📸: Greenpeace/Especial.

No obstante, esta producción ha tenido un costo en las reservas de bosques de pino, de encino y oyamel, principalmente en la Meseta Purépecha, con un total de 20 mil 32 hectáreas de bosques perdidas en el periodo que abarca los años 1976-2005. Y sólo para el año 2000, la tasa de deforestación adquirió un ritmo de cambio de uso de suelo, 509 hectáreas por año.

Greenpeace alertó: “La continua sustitución de los bosques por monocultivos de aguacate en la región de Tancítaro podría comprometer el abasto de agua en esa región, ya que el volumen requerido en el año 2003 para abastecer las necesidades de la población local era de un poco más de 7 millones de metros cúbicos al año, y proporcionar el agua que se requeriría para regar toda la superficie cubierta por monocultivos de aguacate y para su fumigación requería más de 18 millones de metros cúbicos de agua al año. Esto equivale a la totalidad del volumen de captura de agua en el Pico de Tancítaro, aproximadamente 25 millones metros cúbicos al año de agua superficial”.

La mayoría de los productores del monocultivo del aguacate son políticos del estado, quienes son responsables de la tala inmoderada e incendios forestales. La deforestación más grande que ha sufrido el estado no sólo es por causa del plantío de aguacate, el cambio de suelo urbano tiene implicaciones, en Morelia se ha perdido el 80 por ciento de los bosques por permitir fraccionamientos de alto, medio y bajo costo. La creación de foros amplios de participación vinculante donde la gente exprese es una solución viable pero desgraciadamente existe una complicidad gubernamental y empresarial que no permite soluciones aseguró Moctezuma Madrigal vocero del Movimiento en Defensa de la Loma.

Fotografía 📸: Greenpeace/Especial.

De acuerdo con estudios del Centro de Investigaciones Geográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los cultivos de aguacate han crecido exponencialmente desde 1974 en Michoacán, año en el que se registraron 13 mil 45 hectáreas destinadas a esta actividad. En 2005 incrementó a 74 mil 951 hectáreas; para 2007 aumentó a 112 mil 725 hectáreas, y en 2011 creció a 153 mil 181 hectáreas.

Esta situación ha alertado a las autoridades y a los gobiernos estatales de Michoacán desde hace al menos una década. En el mes de septiembre del pasado año, el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, propuso la implementación de leyes como medida de contención al cambio de uso de suelo, la tala clandestina así como los incendios forestales provocados, con la creación de una policía ambiental que regule y proteja los ecosistemas de todo el estado, aunque siguen sin especificarse los mecanismos ni el arranque de estas medidas propuestas por el Ejecutivo del estado, información que se puede consultar en Excelsior.

En Michoacán actualmente se sufre de sequias en la zona de tierra caliente tres años continuos las lluvias han estado muy por debajo del promedio, el Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental han realizado estudios y acompañado a las comunidades han detectado que llegaron a un limite en varios sectores, la economía familiar esta colapsada, una alza en enfermedades, muerte del ganado que es el capital de las familias, migración y conflictos locales. Las principales causas son un rezago histórico acumulado que tensa y se agudiza con la escasez de lluvias recurrentes declaró Ana Burgos del Centro de Investigaciones en Geografia Ambiental de la UNAM.

¿Qué consecuencias tiene la tala?
La tala indiscriminada de árboles provoca cambios en el clima y el cese de la lluvia. A nivel local tiene más consecuencias: el aumento de plagas, la disminución en la polinización de cultivos, la erosión de los suelos y la falta de agua y aun así el impacto más dramático de la disminución de la masa forestal es la pérdida del hábitat de millones de especies, no sólo animales, sino vegetales. El 70% de los animales y plantas del planeta viven en entornos boscosos. Muchos no pueden sobrevivir la deforestación que destruye su medio.

¿Cómo podemos contribuir?
Un primer paso para reducir la pérdida de bosques pasa por fomentar un consumo sostenible. Debemos consumir menos, derrochar menos, reciclar más y respetar más.
Esta cultura de prevención requiere un cambio de actitud por parte de gobiernos y ciudadanos.

Las medidas preventivas pueden consistir en:

  • Coordinar la gestión de las tierras y de los recursos hídricos para proteger el suelo de la erosión, la salinización y otras formas de degradación.
  • Fomentar la coexistencia del pastoreo y los cultivos en las tierras que reúnen las condiciones propicias, que permite un ciclo de nutrientes más eficaz en los sistemas agrícolas.
  • Combinar los métodos tradicionales de explotación de la tierra con tecnologías aceptadas y adaptadas de forma local.
  • Proporcionar a las comunidades locales los medios necesarios para que puedan prevenir la desertificación y gestionar con eficacia los recursos de las tierras secas.
  • Apostar por modos de vida alternativos que no dependan del uso tradicional del suelo, por ejemplo, la acuicultura en las zonas secas, la agricultura de invernadero y las actividades relacionadas con el turismo, que requieren un menor uso de las tierras y los recursos naturales locales y no dejan de ser una fuente sostenible de ingresos.
  • Fomentar oportunidades económicas en los centros urbanos de las tierras secas y en otras zonas fuera de las tierras secas.