La carcajada del aguacate ilegal

La opinión de Julio Santoyo ✍🏻

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La lucha por la recuperación y preservación de los bosques michoacanos tiene hasta ahora resultados poco halagüeños. El nuevo y formidable instrumento que las leyes michoacanas le han otorgado al Ejecutivo Estatal, de intervenir con operativos en las huertas ilegales, apenas comienza a dar resultados. Es un instrumento que dentro de una estrategia de contención de la deforestación y recuperación de los bosques, ha causado el enojo de los amos del oro verde, que están convencidos que el progreso es sinónimo de cambiar el uso del suelo para multiplicar la rentabilidad de las inversiones.

La tragedia ecológica que esta pragmática filosofía económica le está propinando a la riqueza biológica de la entidad reporta datos que en verdad ponen los pelos de punta. De acuerdo a las autoridades en la materia en la entidad, cada año perdemos alrededor de 8 mil hectáreas de bosque, es decir, 21 has. por día. Se estima que de las aproximadamente 150 mil hectáreas que hoy producen aguacate, la mitad de ellas está en la ilegalidad, o sea, ¡75 mil! En los últimos 25 años hemos perdimos, por diferentes causas, incendios, cambio de uso de suelo, un total de 1.3 millones de hectáreas de nuestros boques. En la parte sur de Morelia, que es una importante zona de recarga de mantos acuíferos y de captación de aguas que alimentan el sistema hídrico Nieves, Loma Caliente, Umecuaro, Tirio, Santiago Undameo, Cointzio, Rio Chiquito y Cuitzeo, están instaladas 2, 500 hectáreas de aguacate, pero el ¡90% son ilegales!, o sea, alrededor de 2,200 has.

La Mesa de Seguridad Ambiental que ha echado a andar el gobierno de Michoacán ha realizado acciones duras con apego a derecho y ha intervenido en múltiples huertas ilegales, cortando la planta de aguacate o de otros frutos ahí sembrados, ordenando a los propietarios para que cierren las monstruosas “ollas” con las que se apropian de agua, que impiden la recarga de mantos freáticos, los escurrimientos a los ríos y arroyos naturales y que matan la vida de flora y fauna de los ecosistemas circundantes y dejan sin agua a las poblaciones asentadas en el entorno o tierras abajo, ordenando la reforestación para reintegrar las tierras a la vida forestal original, sin embargo, la estrategia tiene un punto ciego que ya inmediatamente están aprovechando los aguacateros. Es tan enorme la magnitud del problema y de las huertas ilegales que los operativos contra decenas de estas huertas no cuenta con el seguimiento coercitivo y puntual para que cada hectárea ilegal se vaya constituyendo en un efectivo de hectárea recuperada para la vida forestal y la recuperación de los ecosistemas.

La información aportada por pobladores de lugares en el estado en donde han ocurrido estos operativos coinciden en lo mismo: a los 15 o 21 días posteriores a la intervención de la autoridad los huerteros reanudan los trabajos de deforestación, reparan los hules de las “ollas”, y continúan preparando la tierra con abonos para nuevamente plantar aguacate u otros frutos. Esto lo pueden constatar las autoridades participantes en la Mesa de Seguridad Ambiental con lista en mano verificando cada uno de los predios intervenidos en meses pasados.

En pocas palabras los aguacateros pasan de la protesta airada contra los operativos a la burla estridente y pública al continuar con su abominable tarea de matar los bosques michoacanos. Desoyendo y mofándose de la propuesta bien intencionada que el gobierno estatal les hiciera de que a cambio de reforestar la tercera parte de las huertas ilegales promovería la legalización del resto. Lo cierto es que para este sector de aguacateros es inadmisible negociar el retorno de los bosques, su pretensión es precisa: ahí donde se pueda plantar aguacate habrá huerta de aguacate a pesar de las leyes, el gobierno y la sociedad.

A la estrategia de la Mesa de Seguridad Ambiental, para que sus propósitos ecológicos sean alcanzables,  le hacen falta más acciones. Por ejemplo, si el 50% de las huertas aguacateras es ilegal quiere decir que lo que ahí se produce es ilegal, luego entonces, ese producto debería ser perseguido por ilegal y quien lo comercializa tiene complicidad en la ilegalidad y en la responsabilidad por la muerte de los bosques michoacanos, no debe lavarse la procedencia ilícita del aguacate. Debe haber mecanismos legales para perseguir la comercialización de aguacate ecocida, o sea, debe establecerse una norma de coherencia ambiental: lo proveniente de huertas ecocidas no debe tener la aprobación oficial para salir al mercado. Las instituciones participantes en la Mesa de Seguridad Ambiental deben tener mecanismos de seguimiento para asegurarse que ahí donde hubo operativos se observen las sanciones a que se hicieron acreedores los dueños de los predios y evitar la burla que están haciendo de continuar como si nada hubiera ocurrido. Ante la nula respuesta y mofa de los aguacateros el gobierno de Michoacán debe retirar la oferta de legalizar cualquier porcentaje de huertas fuera de la ley y en su lugar establecer un padrón de huertas indebidas y un programa de recuperación irreversible a su anterior condición de bosques. Es imprescindible que la sociedad conozca por medios públicos las huertas intervenidas por los operativos de la Mesa de Seguridad Ambiental, las sanciones que por ley se hicieron merecedores y que tales acuerdos sean entregados a los Presidentes Municipales, Jefaturas de Tenencia, Encargaturas del Orden, Consejos Comunales y Comisariados Ejidales, para que contribuyan a su observancia.

La opción de vida que tenemos los michoacanos no es sólo denunciar la tala de los bosques y frenar la fiebre ilegal del aguacate, el propósito central es la recuperación de nuestros bosques. Nuestro objetivo deben ser las 75 mil hectáreas ilegales que fueron enajenadas del patrimonio biológico y que deben ser restauradas a la vida forestal. Si el gobierno no endurece la estrategia contra el ecocidio lo demás seguirá propiciando la burla y la carcajada del aguacate ilegal, y en 20 años nuestros bosques de pino y encino habrán desaparecido … y nosotros también.